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Llover sobre Mojado

Miércoles, octubre 12, 2011
Por
This entry is part 11 of 18 in the series Número 16. Octubre de 2011

Crítica.

Por José Antonio Velasco…

 

 Las almas muertas

 

Nikolai Gogol

 

Autor: Nikolai Gogol

 

“No”, dijo Chichikov para sí mismo, “una mujer es un fenómeno…”  A este punto su mano hizo un gesto de desesperanza.  ”¿Qué es lo que hay que hablar?  Sólo intentemos describir todas las expresiones que resbalan por sus caras, todas esas pistas y emanaciones.  Sólo miremos los ojos de una de ellas: es un campo tan infinito, que ahí un hombre empezaría un viaje y nunca más se volvería a saber de él.  Nunca lo sacarían de ahí, ni siquiera con un garfio…”

En 1828, con 19 años, Nikolai Gogol publicó su primer poema.  Lo publicó con sus propios fondos causando una unánime opinión entre la crítica y las revistas de ese entonces: el poema era terrible.  El joven y soñador escritor recogió entonces todas las copias, las quemó y se prometió no volver a escribir poesía en su vida.

Por fortuna para todos, el ruso —¿o ukraniano?— siguió escribiendo y dejó para el deleite de la humanidad lo que sería la primera novela rusa moderna y una de las obras más importantes en la literatura mundial.  Las almas muertas no tiene ni el poder, ni la forma titánica de Ana Karenina, Los Hermanos Karamazov, o Crimen y Castigo, pero tiene algo que ellas no: un sarcasmo y un humor, que después de más de ciento cincuenta años continua vigente.

Las Almas muertas cuenta la historia de Chichikov, un tipo normal de moral más bien cuestionable, que llega a un pueblo buscando comprar, valga la redundancia, almas muertas.  Por esto no debe entenderse la compra de cuerpos o cadáveres; en ese tiempo, los siervos eran también llamados almas —como las vacas y caballos son llamadas bestias en el ámbito agropecuario—, y el número de siervos —o almas— eran la garantía necesaria para obtener un préstamo hipotecario.  Puesto que el estado natural de los siervos —si estaban vivos o muertos— sólo se hacía una vez al año, Chichikov podía aprovecharse del sistema comprando siervos muertos y asegurarse un préstamo hasta la siguiente temporada de impuestos.

Así pues comienzan las aventuras de este tipo, un tipo que …no era seguramente un Adonis, pero su apariencia tampoco era desagradable.  No era muy gordo, ni muy flaco, como tampoco podía ser descrito como muy viejo o muy joven.  Gogol, cansado de los héroes hermosos, valientes, y de grandes valores, escoge un tipo cualquiera, uno con defectos tanto físicos como morales.  Luego, después de contar su historia llena de experiencias sobrias y mezquinas, el ruso nos pregunta —literalmente— si no tenemos todos un poco de Chichikov.  Así mismo y tácitamente, nos cuestiona si nuestros países no tienen también algo de su amada Rusia.

Las estandarizaciones, la necesidad de capturar los comportamientos en su cultura abundan en la novela.  Gogol nos muestra a Rusia, el país que amó y criticó hasta sus últimos días, con todos sus matices.  A través de sus generalizaciones, de “los rusos somos así y asá”, de “los rusos hacemos esto y lo otro”, de “los rusos siempre tal y pascual”, Gogol revela nuestras similitudes, la materia humana que nos une a todos.
Literariamente, el escritor ruso se atrevió a innovar.  Pocos son los escritores que se atreven a meterse en sus novelas y él lo hace con éxito.  No sólo no interrumpe el flujo de su narración, sino que le da color logrando que nos enamoremos aun más de su relato.

La narración de Gogol no aleja, ni intimida, suena más bien como el viejo amigo que nos cuenta una historia, una historia que casi parece infantil, pero que es tan aguda, tan cómica, y tan representativa de nuestra realidad —y la de esa época— que no podemos evitar reír.  Es entonces, diría quien escribe esta reseña, un libro que, a través de su arte y su narrador —¡y qué narrador!— trae felicidad.

Barcelona, 15 de febrero de 2011

Freakonomics

 

Stephen Dubner

Dubner

   Steven Levitt

Levitt

 

 

 

 

 

 

Autores: Stephen Dubner y Steven Levitt

 

 

 

“Asociamos la verdad con conveniencia, con lo que más se acerque a nuestro bienestar personal o prometa evitarnos esfuerzo, situaciones incomodas o cambios radicales en nuestra vida.

 También encontramos aceptable todo lo que ayude a nuestra autoestima”.

John Kenneth Galbraith (economista americano)

Tanto en el mundo de los negocios como en nuestra vida diaria, los seres humanos tendemos a hacer aseveraciones sin tener evidencia alguna o sin mirar los datos necesarios.  Es simplemente, como dice Galbraith, más cómodo.  El año pasado un político republicano aseguró que un viaje de Obama a India costaba doscientos millones de dólares por día; en otra ocasión, un website publicó un artículo en el que se decía que un estudio de la Universidad de Berkeley constataba la existencia de los niños índigo (niños más inteligentes que los otros y cuya “aura”, se dice, es de color azul índigo —nunca hubo tal estudio), y no son pocas las familias que tienen en su casa un libro que dice cómo interpretar los sueños.  Lo grave no es que haya gente pregonando necedades —todo el mundo es libre de decirlas y tontos han existido desde el principio de los tiempos—, lo triste es que la sociedad, incluso gente con cierto nivel de educación, comience a absorberlas como si fueran verdades absolutas, repitiéndolas luego y contagiando a los demás.

Este libro, como todos los libros de referencia, serán valiosos dependiendo del conocimiento que ya se tenga sobre la materia a tratar.  Freakonomics es escrito por dos americanos, Stephen Dubner (periodista) y Steven Levitt (economista) y busca ilustrar al lector de cómo ciertos eventos y acciones aparentemente no relacionadas tuvieron grandes repercusiones en nuestras vidas.  Busca también, y a través de sus demostraciones, despertar en sus lectores la curiosidad y el escepticismo.  Los dos americanos buscan decirle a la gente: oiga, pregunte un poco más, analice cómo pudo haberse obtenido ciertas cifras o ciertos enunciados.

Los ejemplos del libro están ligados directamente a temas actualmente debatidos en los Estados Unidos.  El texto habla desde el aborto (y su relación con la disminución del crimen en los Estados Unidos) hasta la educación y las ideas erróneas que rigen el mundo de la literatura parental.  Nuevamente, el libro no aporta mucho si el lector es ya una persona escéptica, con un olfato agudo para detectar cuando, en una conversación, le están metiendo los dedos a la boca.  Pero si por el contrario, el lector considera que muchas veces peca de inocente, el libro mostrará procedimientos científicos que le ayudarán a construir un modelo de cuestionamiento. El libro, por lo didáctico y lo entretenido, fue un best-seller desde su publicación y sus autores continúan mostrándonos, basados en cifras, lo equivocados que podemos estar algunas veces.

París, 20 de febrero de 2011

Soldados de Salamina

 

Javier Cercas

 

Autor: Javier Cercas

—¿Y qué es un héroe?La pregunta pareció sorprenderle, como si nunca se la hubiese hecho, o como si se la hubiera estado haciendo desde siempre; con la taza en el aire, me miró fugazmente a los ojos, volvió la vista hacia la bahía, por un momento reflexionó; luego se encogió de hombros.

—No lo sé —dijo—.  Alguien que se cree un héroe y acierta.  O alguien que tiene el coraje y el instinto de la virtud, y por eso no se equivoca nunca, o por lo menos no se equivoca en el único momento en que importa no equivocarse, y por lo tanto no puede no ser un héroe.  O quien entiende, como Allende, que el héroe no es el que mata, sino el que no mata o deja matar.  No lo sé.

En el 2001 Javier Cercas publicó Soldados de Salamina, una obra que cuenta la historia de un escritor español quien fue perdonado por un soldado después de haber escapado de un pelotón de fusilamiento a finales de la guerra civil española y que sirvió como ideólogo del fascismo en la época de Franco.  El libro tuvo merecido éxito y fue alagada por escritores de la talla de Mario Vargas Llosa y J.M Coetzee.  En el 2003, la historia fue llevada al cine.

Esta excelente novela tiene tres partes: la primera, en la que Javier Cercas narra en primera persona cómo comenzó su pesquisa sobre Rafael Sánchez Mazas —el escritor español y núcleo del texto—; la segunda, en la que cuenta la historia reconstruida de Rafael Sánchez Mazas y su famoso escape; y la tercera, en la cual plasma la búsqueda del hombre que perdonó la vida del ideólogo fascista.  Esta última parte incluye conversaciones con el autor chileno Roberto Bolaño, quien por casualidad le da la mejor pista para encontrar al casi imposible y misericordioso soldado.

La novela está muy bien escrita, y si usted, querido lector, desconoce por completo la historia del último siglo del país ibérico, no se verá impedido de gozarla hasta la última página.  Incluso ésta le educará en más de un aspecto.

Quienes consumimos libros sabemos que, como las comidas,  hay unos inolvidables y otros, que ni recordamos.  Las novelas de Javier Cercas, están dentro de la primera categoría.  Sus textos son pequeños, pero sustanciosos.  En ellos hay momentos inolvidables, conversaciones o personajes tan encantadores o interesantes, que pese a que los detalles de la historia se desdibujan con el tiempo, pequeños fragmentos de inteligencia quedan… nutren.

Soldados de Salamina es un libro que muestra la vida íntima de su autor y esa fascinación que todos tenemos de comprender a los hombres que, habiendo hecho —o en este caso, escrito— cosas bellas, se prestan luego a causas atroces.  Nos pinta también la vida de los héroes, esos hombre cuya obra es la grandeza y cuyo destino, como el de todos, es el olvido.

Y entonces el periodista mira su reflejo entristecido y viejo en el ventanal que lame la noche hasta que lentamente el reflejo se disuelve y en el ventanal aparece un desierto interminable y ardiente y un soldado solo, llevando la bandera de un país que no es su país, de un país que es todos los países y que sólo existe porque ese soldado levanta su bandera abolida, joven, desharrapado, polvoriento y anónimo, infinitamente minúsculo en aquel mar llameante de arena infinita, caminando hacia delante bajo el sol negro del ventanal, sin saber muy bien hacia dónde va ni con quién va ni por qué va, sin importarle mucho siempre que sea hacia delante, hacia delante, hacia delante, siempre hacia delante.

Barcelona, 1 de marzo de 2011

 

The Tipping Point

 

Malcolm Gladwell

Autor: Malcolm Gladwell

 

  …el cambio radical es más que una posibilidad.  Es —al contrario de nuestras expectativas— algo seguro.

 

En el año 2000, Malcolm Gladwell publicó The Tipping Point, un libro que busca explicar cómo los pequeños detalles hacen la diferencia.  El periodista que, según él, escribió el libro con cierta prudencia, se vio abrumado por la respuesta, tanto de expertos como de gente de negocios, que apoyaban la teoría formulada en el texto.

La idea general del libro es que ideas, productos, mensajes y comportamientos se reproducen siguiendo el mismo patrón que los virus.  Estos van creciendo paulatina y proporcionalmente, hasta que llegan a un punto en el que su expansión explota.  Basado en esto, el autor canadiense explica nuestra incapacidad natural para entender comportamientos exponenciales (la rapidez o potencia con la que nos sorprenden algunas cosas) y comienza a desmembrar con ejemplos —algunos adecuados, otros controversiales, y otros cuestionables— los principios de su teoría.  El resultado es un libro que siembra dudas, confirma hipótesis que no lográbamos poner en palabras, y da luces sobre casos y situaciones sobre las cuales aun queda mucho por explicar.

Según Gladwell hay tres cosas que influyen en el comportamiento viral de nuestras ideas, productos, y comportamientos: las personas que los transmiten, el agente que está siendo transmitido, y el ambiente en el que se distribuyen.  Su libro analiza y explicar cada una de estas variables.

Al hablar de las personas que transmiten ideas o comportamientos, Gladwell argumenta que hay conectores, expertos o conocedores, y vendedores.  Ahondando en esta primera parte, el canadiense comienza hablando de nuestras relaciones y citando la teoría de los seis grados de separación de Milgram.  Se nos ilustra que nosotros no tendemos a relacionarnos con la gente que se nos parece, sino con aquellos a quienes tenemos al lado.  A esto agrega:

Seis grados de separación no significa que todo el mundo está ligado a todo el mundo en seis pasos.  Significa que una cantidad pequeña de personas está ligada a todo el mundo en pocos pasos, y nosotros estamos ligados al mundo a través de ellos.…   Mi círculo social no es en realidad un círculo.  Es una pirámide.  Y al final de esa pirámide hay una sola persona que es responsable por la abrumadora mayoría de las relaciones que constituyen mi vida.  No sólo mi círculo social no es un círculo, sino que ni siquiera es mío.  Pertenece a alguien más.  Se parece más a un club, del cual yo soy un invitado más.

El periodista del New Yorker nos explica que estos conectores, conocedores y vendedores son una pequeña cantidad, pero que hacen una gran diferencia en nuestras vidas.  Es a través de ellos que nos conectamos, que aprendemos, y que nos seducen a ciertos comportamientos.

En cuanto al mensaje, el periodista habla de lo que es el factor de apego.  Aquí, el autor pone como ejemplo el programa de televisión Plaza Sésamo, y nos explica que aquel show que todos vimos y que muchos consideramos como básico, es uno de los programas más calculados y cuidadosamente construidos.  Prácticamente, detrás de cada episodio que veíamos habían sociólogos, ingenieros, científicos y expertos de otras ramas tratando de ingeniarse la manera en que niños no sólo estuvieran pegados al televisor, sino también de que aprendieran.  ¡Un hecho verdaderamente fascinante!

Finalmente el libro explica lo importante del contexto.  Aquí los ejemplos son a la vez espeluznantes e impresionantes.  Gladwell cita por ejemplo, que todos los días se comprueba con mayor veracidad que la influencia de los padres es mucho menor que aquella ejercida por el medio en el cual los niños se desarrollan.  Gladwell argumenta que hay una gran posibilidad de que los seres humanos nos comportemos de ciertas maneras fuertemente influenciados por lo que nos rodea, y no por el carácter que tenemos.  El periodista no dice que es la regla, pero sí que hay suficientes datos y casos estudiados para ponernos a dudar.

¿Por qué niños de inmigrantes recientes casi nunca retienen el acento de sus padre?  ¿Cómo es que niños de padres sordos aprenden a hablar tan bien y tan rápido como aquellos con padres normales a quienes escuchan desde que nacieron?  La respuesta siempre ha sido que el lenguaje es una habilidad adquirida después, que lo que los niños aprenden de otros niños es tan o más importante que el lenguaje que aprenden en la casa.

The Tipping Point es desde muchos aspectos un libro interesante, uno que nos hace pensar en las cosas que pasan todos los días y en los cambios con los que el mundo de hoy parece sorprendernos.  Más que nada es un texto que nos ayuda a abrir nuestras mentes a nuevas maneras de ver las cosas.

 

Barcelona, 8 de marzo de 2011

José Antonio Velasco nació en Cali, Colombia, en 1978.  A los diecinueve años emigró a los Estados Unidos, donde completó sus estudios en ingeniería y trabajó —como todo el mundo— para ganarse la vida.  Años más tarde, el vicio de la lectura y las ganas de escribir hicieron que siguiera estudios de literatura y periodismo. Ha escrito cuentos, una novela pequeña y artículos de periodismo para varias revistas.  Vivió en Nueva York por tres años, donde siguió su doble vida de literato e ingeniero. Hoy hace lo mismo, pero en París, y publica su blog Llover sobre mojado.com.

©José Antonio Velasco. All Rights Reserved

 

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