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Sobre una alfombra de acículas

Lunes, mayo 30, 2011
Por
This entry is part 6 of 15 in the series Edición Especial En El Reino de Eros

Relato.

Por Jorge Muzam…

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi mujer no ha querido tener sexo conmigo. No es fácil para un hombre convivir con la abstinencia prolongada, pues cargamos con acumulativas bombas de tiempo que deben ser diariamente descargadas en lo posible con un poco de ternura. El onanismo no ayuda demasiado porque es sólo un burdo recurso de autoayuda. La mano no huele a mujer ni hay devoción en sus embestidas. No se le puede mamar las tetas al aire ni agarrar el culo a la nada. Las mujeres saben que su vagina es su mejor arma de chantaje y suelen utilizarla con crueldad, para doblegar, para mantener arrodillados a los pendencieros machos, para exigir continuos perdones y promesas. ¿Pero qué podemos hacer? No podemos salir a violar a cuanta minifalda se nos cruce. Al menos a mí me gusta que las mujeres aparenten quererme mientras las penetro. Soy un animal débil y mi pene es el principal guía de mis pasos. Para que no me siga atormentando con su acumulación atómica he llamado a Tamara para concretar lo que en otro tiempo quedó inconcluso.

Se muestra sorprendida al escuchar mi voz luego de tantos meses, pero accede de inmediato a tener una cita. Vive en una zona periférica muy alejada de mi casa si tuviéramos que tomar cualquier camino iluminado, pero apenas a unos seiscientos metros si tomamos el atajo de un bosque de pinos que se encumbra hacia una colina solitaria. Quedamos de juntarnos a las once de la noche en la entrada del bosque que da hacia su casa. Al salir digo a Brenda que voy a buscar un boliche abierto porque necesito beber una Coca Cola. No me mira ni responde y sé que no me cree nada. Salgo y la brisa nocturna de la primavera costera me termina de secar el cabello recién mojado por la ducha. Salto unas vallas de alambre oxidado y me adentro en la colina del bosque.

Llego hasta un punto en lo alto en que veo la casa de Tamara. Me siento en la alfombra de acículas resecas contemplando el fulgor de sus ventanas iluminadas y pensando en lo que ella está haciendo con su cuerpo para agradarme. El aire trae esencias de hierbas silvestres y a lo lejos se escucha retumbar las olas. Tamara no tarda en salir de su casa. Mientras camina se termina de arreglar su cabello mojado. Se ha puesto un ajustado vestido de gasa. Sabe que amo que se le transparente la ropa interior. Me hago visible y ella se apura no sin antes mirar para todos lados. Nos tomamos de la mano y nos adentramos en el bosque hasta un lugar plano y completamente oscuro donde le aprisiono las caderas y la atraigo hacia mí. No hablamos demasiado. Ambos sabemos a lo que vamos. La beso y la huelo como un sabueso moribundo que aspira su último hueso, la recorro con mis labios y mi nariz y mis dedos, la huelo y el olor de su boca, de su cuello, de su cabello, de sus pechos y sus axilas me enloquece, es exquisita, es joven, es fresca, es sexo puro, es el olor de una puta que no ha empezado a ser puta…

La desvisto parada y la rodeo con mi vista. La desnudez vertical es más incitante que la desnudez horizontal. Su belleza perturba, hiere, como si fuera una preciada joya que nunca me pertenecerá completamente, una joya a la que estoy condenado a perder tan pronto la hayan palpado mis dedos. Su espalda es magnifica, precisa y no denota más esfuerzo que el necesario para haber crecido adherida al más impresionante culo. Un culo grande, blanco y firme frente al que ni yo ni ningún hombre se resistiría. Me arrodillo ante ella y acerco mi boca hasta su pubis, la huelo, la saboreo, la muerdo con delicadeza. Permanezco largo rato hundido en esa oscuridad tan íntima y tan dulce que calma mis pensamientos. Luego recuesto delicadamente a Tamara sobre mi chaqueta. Su piel blanca de maja latina resiste la penumbra, tiembla, respira entre quejiditos, le abro las piernas y los brazos, le toco su chochito gigante, abierto, caliente, mojado y la vuelvo a recorrer con mi nariz y mis labios.

Me entretengo en los deditos de sus pies, en sus tobillos, en sus pantorrillas y muslos y paso apenas rozando su chochito. Asciendo hacia su ombligo y lo lamo, lo soplo y beso cada una de sus costillitas hasta atrapar el primer pezón duro y grande como el de una vaca holandesa. La beso, la huelo, me instalo en su boca y la monto. Mi pene recibe las contracciones de bienvenida de su chochito. Avanzo hacia la perdición narcótica de sus fluidos, avanzo lenta e interminablemente, avanzo hasta el fondo de esa noche caliente hasta que mis rezagados testículos quedan atascados en la entrada. Su interior palpitante, me aprieta, me atrapa con desesperación, como si tuviera vida propia y ahí me quedo, avanzando y retrocediendo entre caricias internas, avanzando y retrocediendo mil veces, hasta que el sentido del tiempo y el espacio dejan de tener toda importancia.

 

[Este relato pertenece a su libro inédito El insomnio de la carne, y además fue enviado por su autor especialmente para Palabra Abierta]

 

[La primera ilustración viene de la página R3fl3jos d3 mi Alma; la segunda ha sido tomada del sitio Marisorgiren Altxorra; y la tercera de la página virtual Poesía Palmeriana]

Jorge Muzam. Escritor chileno. Tiene 38 años y es Licenciado en Historia en la Universidad de Chile. Nació el 12 de junio de 1972 en San Fabián de Alico, un pueblo agrícola en el centro de Chile. Ha publicado ensayos históricos, artículos, relatos y poemas en diversas revistas chilenas. Tiene cuentos antologados en España y Argentina. Autor de tres novelas semiautobiográficas de circulación restringida: “Ameba”, “El Espermio Errante”y “El tufo de los peces muertos”. Se le ha descrito como un autor de pluma ácida, corrosiva, politizada y muy controversial. Hoy vive y alterna sus actividades académicas entre la ciudad-puerto de San Antonio y Santiago de Chile.

© Jorge Muzam. All Right Reserved

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7 Responses to Sobre una alfombra de acículas

  1. Lorena Ledesma on Martes, mayo 31, 2011 at 8:07 PM

    Un relato maravilloso, delicado, sincero, desprejuiciado y único. A los más despistados puede parecerle un placer pasajero pero si uno se detiene en las palabras y se arma un esquema de la psicología de los personajes la historia se hace infinitamente más rica. Los más imaginativos se podrán hacer mentalmente una extensa novela. Tiene tantas lectura posibles como imposibles, para los lectores atrevidos y juguetones. A las mujeres más tradicionalistas las hiere y altera, a las libertarias las apasiona.. a mi me fascina.

  2. Gladys Clavijo on Miércoles, junio 1, 2011 at 2:35 AM

    Lo mejor que puedo hacer es Felicitarlo, Muzam.

  3. Martha on Miércoles, junio 1, 2011 at 12:24 PM

    Me gustó mucho. Directo al grano y cargado de sensibilidad aunque al principio no parece.
    Saludos

  4. Ana on Miércoles, junio 1, 2011 at 12:28 PM

    Muy, muy bueno.

  5. Martha on Sábado, junio 4, 2011 at 11:08 PM

    Genial!!

  6. Adelina on Miércoles, junio 15, 2011 at 6:51 PM

    Me gusto mucho la narrativa, sensible y directo al mismo tiempo.

  7. Salvador Allende González on Martes, junio 21, 2011 at 12:05 AM

    Muy bueno, eres muy fuerte dando ambientes comparativos que abren la mente del lector. El erotismo es difícil de domar y por lo general lo periférico da más impacto que lo literal. Chao amigo.

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