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Suelten ya a esa pobre gente

Martes, diciembre 1, 2009
Por

Cuento

This entry is part 14 of 16 in the series Número 3, diciembre de 2009

Por Margarita Belandria…

 

 

 

 

 

 

 

 

Calabozo

Lo de Raimundo degollado corriendo entre el cambural perturbó mi sueño durante mucho tiempo. Las cosas ocurrieron más o menos así, cuando mis pasos enclenques apenas comenzaban a tantear este mundo desvariado. Petra, la chica que ayudaba a mi madre en los quehaceres de mi casa, hizo el comentario de que parecía que don Eliseo, Francisca y Raimundo sí se habían ido siempre de viaje, porque desde hacía días no se les veía humo en la casa. Así es, confirmó mi madre, el muchachito cuando vino a la escuela me dijo que no podía asistir más; que se iban de viaje para Chacantá porque se les murió un pariente. Por cierto, aquí estuvieron los dos sobrinos que vinieron a traerles la noticia y me pidieron que les dejara guardar un costal de yuca que tenían escondido en el monte por miedo a los puercos. Les dimos posada y ayer tempranito se fueron. Entendí que ya sus tíos habían viajado para Chacantá y  ellos se irían  río abajo para Santa Bárbara de Barinas a llevar la noticia a otros familiares.

A la semana siguiente Petra volvió a comentar sobre los viajeros, que seguramente  habían dejado carne secándose en la sala o algún animal muerto  porque había una manada de zamuros en el techo de la casa. Ella y su hermano se habían asomado hasta allá y no habían visto a nadie sino mucha hediondez y unos tremendos gusanos andando por debajo de la puerta. Oído esto, mi padre, que era el comisario de la aldea, ensilló el caballo con premura y a todo galope se alejó en silencio. Cayendo la tarde regresó acompañado de algunos vecinos. Pálidos y silenciosos, con un frío sudor entre los cuerpos, buscaron por la casa creolina, herramientas, pañuelos y agua bendita, y se marcharon de prisa a forzar las puertas de aquella casa desolada. Hacia la media noche nuestra casa era un hervidero de gente agobiada de  temor  y espanto.  El sudor de los caballos y un fuerte olor de aguardiente tornaban el aire más espeso. El misterio oscurecía aún más la noche, sin luna, sin estrellas y el viento detenido en algún risco lejano. Los perros visitantes  y los nuestros guardaban sus colas y se mostraban tan inquietos como sus dueños. Las mujeres callaban mirándose unas a otras con recelo y las cejas en alto. Hombres tartamudeando al mismo tiempo. Guerra de nervios imprevista. Unos cuantos tiros aventados al aire les dio un poco de valor. Eso decía mano Casimiro, que no había cosa más buena que la pólvora para ahuyentar el miedo y el michito para coger temple; y tan de remedio también  para los malos ratos y el dolor de las coyunturas.

Y ahora vendrá la autoridad, se lamentaban. Amarrados como gallinas  nos mandarán a sus cochinos calabozos, o nos pondrán a abrir caminos  engrilletados  de las patas hasta que la peste y el hambre nos hagan reventar. Los mocositos se nos morirán, las cosechas se perderán, ah mi Dios… Tres días después la temida columna de jinetes descendió en el patio de mi casa. Hombres corpulentos de ojos oblicuos y largos mostachos exhibían arrogantes el arma pendiente de su panza militar. Campesino humillado, colmillo de oro, risa siniestra, todo se confundió. En casa de Raimundo una tumba improvisada en el centro de la sala recibió lo que quedaba de los frustrados viajeros. Al amanecer, una ristra de gente entristecida trastumbó los cerros vegetales de El Amparo rumbo a la capital. De puntera Petra, con sus ojos sinceros caídos en el delantal. Amarrada más atrás su mamá con la Guillermina en los brazos acabada de nacer. Padres, hermanos, parientes, todos descalzos marchaban a pie.  La tierra cascajosa enrojecía al paso ensangrentado de la procesión que dejada de Dios avanzaba con dolorosa lentitud bajo el peso del látigo y los improperios de la guardia impaciente. Días después un amasijo harapiento se apretujaba temeroso a las puertas de una casa sombría. Allí, en La Macabra, todos tenían que declarar. ¿Sabía usted que el difunto guardaba dinero entre un costal?  Sí. ¿Cómo lo supo?  Era un secreto entre Raimundo y yo.  ¿Dónde lo tienen escondido?  No lo tenemos, señor.  ¿Quién ayudó a su padre a amarrar con cabuyas al finado sobre el catre? ¿Quién lo ayudó a meter la difunta de cabeza entre el pilón? ¿Cuántos hachazos les metieron a los dos? ¿Quién persiguió al muchacho hasta el cambural? ¿La cabeza con el hacha quién se la quitó? ¿Quién le amontonó encima las hojas de cambur? La pobre Petra se desmayó; a cada silencio seguía un pinchazo de aguja entre sus uñas renegridas de tierra y carbón. En Santa Bárbara de Barinas los sobrinos del difunto se repartían el botín. El asunto y el licor los delató. El jefe civil solazándose en el mismo lugar presenciaba la discusión. El telegrama que llegara de Barinas puso fin al capcioso interrogatorio.  El jefe de la seguridad nacional lo leyó: «Suelten ya a esa pobre gente, a los asesinos los tenemos aquí».

“Suelten ya a esa pobre gente”
es un relato de un libro de la autora en preparación.

Margarita_Belandria4Margarita Belandria (Canaguá, Estado Mérida, Venezuela). Escritora de novela, cuento, ensayo y poesía. Abogada y Magíster en Filosofía, profesora de la Universidad de Los Andes, Mérida, en el área de Filosofía del Derecho, Lógica y Hermenéutica Jurídica. Distintos autores han realizado estudios sobre su obra en la IV Antología de la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) Escritoras venezolanas ante la crítica, 2007.  Entre sus publicaciones se destacan: Qué bien suena este llanto (Novela), Mérida, Venezuela, Coedición del CENAL y la AEM., Mérida, 2006 (Mención de Honor otorgada por la AEM en el Concurso de Narrativa “Antonio Márquez Salas”, 2004) y ha sido objeto de estudio en el “Seminario de escritoras iberoamericanas” de la Maestría de Literatura Iberoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA), 2008; Otros puntos cardinales (Poesía), Mérida, Coedición del CENAL-AEM, 2006 (Mención de Honor por la AEM en el Concurso de Poesía “Simón Darío Ramírez”, del 2005). Otras selecciones de poemas suyos han sido publicadas en: “Al Pie de la Letra” del Diario Frontera, 12 de junio de 2004; I Antología de Poesía, AEM, 2005; III Antología de Poesía, AEM, 2006; revista La Palabra, Barinas, Venezuela, No. 8, Instituto Barinés de la Cultura y Bellas Artes (INBCYBA), 2006; y en Revista Faceta, Ibagué, Colombia, No.30, p. 2., 30 de noviembre de 2008.
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