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Mi pueblo: sombra y fresco

Martes, julio 20, 2010
Por

Estampa

This entry is part 12 of 18 in the series Numero 8, julio 2010

Estampa.

Por Roberto Álvarez Quiñones…

 

 

 

 

 

 

Cruz Verde. Ciego de Ávila

 

Mi pueblo natal se caracteriza por una arquitectura de una hibridez que resulta estupenda. Tanto, que muchos llamamos a nuestra villa la “Reina del fresco y la sombra”, ya verán el porqué.

En la medianía de este siglo XX los rasgos arquitectónicos básicos de Ciego de Ávila —a 460 kilómetros de La Habana— son peninsulares, con cierta atmósfera colonial, pero “aplatanados” (adaptados con ventaja) a las sofocantes y pluviosas condiciones climáticas del Caribe sin dejar de mostrar su aire andaluz-morisco, sobre todo en las terrazas, celosías, zaguanes, cenefas y mosaicos.

El sello distintivo que le confiere su atractiva originalidad, el plato fuerte avileño, son los portales corridos que se empatan unos con otros. Son verdaderos corredores de sombra generosa —los arquitectos los llaman soportales— que cubren de frescura toda la villa mostrando sus columnas de capiteles griegos (jónicos, dóricos y corintios) y con frisas y cornisas decorados con molduras algunas muy bellas, y todas muy bien concebidas.

Tan tempranamente como en 1907, al levantarse el edificio de La Cruz Verde, llegó aquí el eclecticismo, con una fuerte influencia barroca, que es ostensible en la ornamentación de las fachadas principales, como el Teatro Iriondo (1910), el Ayuntamiento (1911), la Colonia Española (1911), o The Royal Bank of Canada (1917). Como un cabo suelto, en 1909, fue construida la farmacia La Fe, una edificación auténticamente morisca considerada la más hermosa en su estilo de todo el interior de Cuba.

En los años 20, el arte ecléctico se expandió por Ciego a ritmo de charleston, jazz y danzón, los labios color carmín en forma de corazón —moda mundial que impusieron Hollywood y Clara Bow— las “atrevidas” faldas cortas ajustadas a las caderas que por primera vez permitieron aquilatar los cuerpazos de las sensuales avileñas; los sombreros de pajilla y el ruido de los “fotingos” (automóviles de la época).

Con tal glamour de fondo fueron erigidos el Hotel Rueda (1920), el Hotel Ariete (1922), el Banco Núñez (1925), la Logia Masónica (1922); el Hotel Sevilla (1929), el soberbio Centro Asturiano (1930), y la obra cumbre del patrimonio arquitectónico avileño: el Teatro Principal (1927), ecléctico pero con fuerte influencia neoclásica, con más de 700 asientos en sus cuatro niveles en “herradura”, sus salones, pasillos, balcones y elegantes palcos; sus esculturas y decoraciones en mármoles italianos, en fin, uno de los tres teatros más fastuosos del interior de la isla, en cuyo escenario han sido aplaudidos artistas de dimensión mundial.

De la mano de los años 30 y los 40 vino el furor del art déco, y poco después, en 1951, vi erguirse la nueva Iglesia San Eugenio de la Palma, que aunque con un toque de art déco es un excelente exponente del racionalismo, esa nueva corriente arquitectónica despojada de ornamentos que rechaza los excesos decorativos, y que dio a luz también al Hotel Santiago-Habana, cuya construcción seguí paso a paso hasta el sexto y último piso, el hotel más moderno del interior del país.

Las casas aquí tienen un puntal altísimo ¿Desperdicio de espacio, materiales y costos? Nada de eso. El puntal alto permite que el aire caliente suba y que por debajo corra el fresco. Me siento en deuda con los arquitectos gallegos, catalanes, asturianos, andaluces, o de cualquier punto de la geografía española, que tuvieron tan brillante idea.

Las celosías arabescas, sobre todo en las terrazas, son filigranas tejidas en madera que dejan entrar la brisa cuando nos quiere dar una caricia furtiva.

Me gustan los zaguanes con sus cenefas —de azulejos o pintadas— decoradas con sabor andaluz como el que hay en mi casa. Hablo de una especie de corredor separado de la sala por una pared que incluye una reja española hasta el techo, que conduce a la saleta (el family-room de los americanos) que no a la sala, en la que se recibe a los invitados ya con más protocolo, a conversar, tomarse un café, una cerveza, limonada con hielo, o a escuchar un poco de Chopin, Mozart, Beethoven o Lecuona, que mi hermana interpreta al piano de maravillas, aunque a ella no le gusta que lo diga.

Y hablando de rejas, los avileños disfrutamos de espléndidos enrejados de inspiración castiza y hasta gitana, y las ventanas del portal van desde el piso hasta el techo para que por arriba salga el aire caliente y por debajo entre la brisa. De paso permiten que algunos improvisados fans transeúntes aplaudan cuando canto “Granada” o “Lamento Gitano” acompañado al piano por mi hermana, o cuando ella y mi padre al violín ejecutan el vals de “Coppelia”.

Los pisos de mosaicos, de una policromía impresionante, tienen hermosos dibujos y diseños de inspiración española. Hechos en las tres fábricas de mosaicos de la ciudad, los pisos, junto a celosías y cenefas, expresan claramente la influencia del arte islámico ocho veces centenario en España.

Quien sube a los “elevados” —construidos por el ingeniero Manzanilla en los años 20 y hoy profesor mío de Matemática— un paso superior por el que la Carretera Central del país cruza por encima del ferrocarril Júcaro-Morón, se da gusto contemplando el mar color ladrillo que conforman los cientos de techos de tejas españolas, que refractan el calor y hacen la vida más llevadera debajo de ellos. Y lanzando la mirada unos siete kilómetros al sur, se dibuja a lo lejos un enorme palmar que identifica a Carolina, la finca que mi padre y mis tíos heredaron de mi abuela.

Los portales humanizan

Volviendo a los portales corridos, yo camino de un extremo a otro de la ciudad todo el tiempo bajo techo, excepto cuando cruzo las calles o encuentro alguna edificación que no tiene su portal como Dios manda. Evito así el implacable sol que cocina hasta el esqueleto, y cuando llueve voy a mis clases de bachillerato, o al cine, sin capa ni paraguas, que es cosa de viejos o mujeres. ¿No es esto un privilegio?

Conozco casi todas las ciudades importantes de Cuba, desde Guantánamo hasta Guane y en todas me he achicharrado, o me he empapado cuando me sorprende un aguacero. En ninguna he podido ir de un extremo a otro “sano y salvo”. Sólo he visto portales corridos en el centro, pero no en los barrios.

En La Habana, digamos, hay portales corridos en Infanta, Galiano, Reina, Monserrate, Belascoaín, Ayestarán, Carlos III, Monte, Calzada del Cerro, etc. Pero en el Vedado, la Habana Vieja, Miramar, la Víbora, Santos Suárez, Marianao, reparto Bahía, Fontanar y demás barrios, los portales tienen barandas o muritos y están metidos hacia adentro.

En Ciego, los zoportales son compasivos, llevan la sombra a toda la ciudad. Es raro encontrar casas como la de “Buey de Oro”, que rompe el encanto de la calle Joaquín de Agüero al estar escondida hacia adentro.

Además, los portales humanizan y “desestresan”. Es costumbre aquí que las familias se sienten por las noches en el portal a conversar, entre ellos o con los vecinos, sobre la última novedad local o nacional, a filosofar, o a arreglar el mundo, que francamente va de mal en peor.

¡Qué contraste!, me cuentan que en Estados Unidos son pocos quienes saben el nombre del vecino de al lado.

Estas tertulias “portaleñas” son matizadas por el “Adiós, Cecilio y Amalia”, o “Buenas noches, familia… ¿cogiendo fresco?”, de quienes pasan sosegadamente por la acera.

¿No es eso fenomenal? ¡Honor y gloria a los portales avileños!

[Nota del editor: Para redactar esta crónica el autor se trasladó en el tiempo al Ciego de Avila de los años 50, por lo que tiene la frescura de un presente histórico que contrasta brutalmente con el panorama ruinoso y empobrecido que presenta hoy esa urbe, como todas las demas de la Cuba actual. Aquí la fuerza de la nostalgia se hace eco de una época de oro en el urbanismo de la Isla].

Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista y licenciado en Historia. Cuenta con 40 años de experiencia como columnista, primero en Cuba en el periódico Granma (1968-1995), en el que era columnista económico y cronista histórico. Simultáneamente trabajaba en la TV Cubana como comentarista económico en la Revista de la Mañana. Autor de seis libros, publicados en La Habana y en Caracas, que son ensayos e investigaciones económicas e históricas, y crónicas. Ha obtenido 11 premios nacionales de periodismo y ha integrado jurados en concursos literarios y periodísticos. Vino para Estados Unidos en 1995. Desde junio de 1996 trabajó en el diario La Opinión, de Los Ángeles, hasta agosto de 2008. Allí fue editor y columnista de las secciones de Latinoamérica, El Mundo, El País, Negocios y Tu Casa (bienes raíces). Fundó y tuvo a su cargo las columnas “Macroeconomía”, “El arte de comerciar”, “Ventana al Sur” y “Ecos del mercado”. Es analista económico de Telemundo (TV), y escribe para medios de EE.UU. y España. Fue profesor de periodismo en la Universidad de La Habana y en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí; y de historia de las doctrinas económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en universidades e instituciones de varios países de Europa, y en México, Venezuela y Nicaragua. Reside en California, Estados Unidos.

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11 Responses to Mi pueblo: sombra y fresco

  1. Roberto Feria on Miércoles, julio 21, 2010 at 1:15 AM

    En Santa Clara habia portales pero no tantos como en Ciego de Avila que verdad era la ciudad que mas sombra le daba a la gente. Estuve de joven alli y me encanto que todas las calles estaban llenas de portales corridos a ambas manos, con el sol tan salvaje de Cuba era una bendicion. Felicito al autor por este articulo tan bueno que a uno le parece que esta caminando por Ciuego de Avila viendo sus casas y edificios. Que Cuba tan linda y sabrosa fue la que nos arrebato el comunismo de los Castro y su pandilla de ladrones y asesinos.

  2. Andres Castellanos on Miércoles, julio 21, 2010 at 2:38 PM

    Magnifica cronica que es un recorrido por la arquitectura cubana. Es tan real que nos hace vivir aquellos tiempos. En casi toda Cuba habia portales con sombra y fresco. Lo que en Ciego de Avila eran corridos y cubrian toda la ciudad. Eso era una maravilla. Me gustaria ver por un huequito cosmico como esta ahora Ciego de avila con una imagen de tercer mundo pobre como todas las demas ciudades de Cuba. Estos escritos son muy buenos porque nos recuerdan el tesoro que teniamos y que perdimos a manos de un grupo de malnacidos.

  3. Tony Ruano on Miércoles, julio 21, 2010 at 6:19 PM

    Roberto me ha hecho revivir, con este magnífico trabajo, mi época de caminante errático por los portales de la calle Monte, Reina, Galiano y la Avenida del Prado. A la vez le ha dado respuesta a la pregunta que siempre me hacen mis hijos cuando digo que una ciudad se parece a La Habana, como me sucedió recientemente en San Antonio, Texas. Yo siempre me pregunté cómo poder explicárselo y ahora lo entiendo claramente: son los portales corridos. Gracias Roberto. Tony Ruano.

  4. Eduardo Blanco on Jueves, julio 22, 2010 at 6:15 AM

    …aaah! Ciego y us portales…me los trajistes en segundos…muy agradable la briza esa…eres un poeta…gracias primo…

  5. augusto hernandez on Lunes, julio 26, 2010 at 10:49 AM

    Este articulo me hizo ubicarme en mi Ciego querido de los anos, 50 una de las ciudades con mayor empuje de toda Cuba y recordar cuando caminaba por los portales desde mi casa llegando a La Campana hasta el parque Marti sin que el sol me castigara nada. Es verdad que los avilenos no nos dabamos cuenta de que eramos los reyes del fresco y la sombra. Felicito a nuestro coterraneo por escribir este articulo tan bueno, que me hizo volver al pasado avileno inolvidable.

  6. Oscar on Lunes, julio 26, 2010 at 11:05 AM

    Gracias Robertico por hacernos recordar aquellos tiempos inolvidables de cuando eramos tan felices en nuestro querido Ciego de Avila. Yo tambien iba al teatro Iriondo, o el Carmen o el Principal cuando estaba lloviendo y no me mojaba gracias a aquellos portales que tu describes y que eran una delicia

  7. Eddy on Miércoles, julio 28, 2010 at 10:54 AM

    Formidable cronica del pueblo que mas portales tenia en Cuba. Lo que malo es que los avilenos no nos dabamos cuenta y ahora son los comunistas losque llaman a Ciego la ciudad de los portales, si ellos son los que han destruido a Ciego y a todo el pais, que descaro mas grande. Robertico a ti habra que entregarte las llaves de la ciudad y darte un homenaje en la Cuba libre por ser el historiador del verdadero Ciego de Avila.

  8. Senen Prado on Jueves, julio 29, 2010 at 3:19 PM

    Es una maravilla caminar por toda una ciudad sin que el sol lo queme a uno o sin mojarse cuando llueve. Los portales corridos son una de las mejores cosas de Cuba y en especial de Ciego de Avila. El regimen castrista ha acabado con todo incluyendo portales y la madre de los tomates. Que desgracia la del pueblo cubano

  9. Abelardo Toca on Domingo, agosto 8, 2010 at 11:50 AM

    Naci y me crie en Holguin donde no hay tantos portales en las calles como en Ciego de Avila. Me gusta mucho este articulo pues me ha hecho pensar que construir portales era lo mas inteligente que se podia hacer en Cuba debido a que el sol casi quema a la interperie. Parece que la idea de los portales vino de Espana pero que los cubanos la mejoraron, al menos en Ciego de Avila. Camine por los partales de Ciego donde tuve una novia preciosa que conoci en La Habana en la universidad.
    Felicito al escritor de este relato porque me hizo volver a las calles avilenas llenas de portales tan agradables.

  10. Magaly Mendez Agra on Miércoles, agosto 11, 2010 at 2:14 PM

    Gracias “Robertico” por provocar tan gratas memorias.

  11. Sarah on Sábado, mayo 21, 2011 at 7:20 PM

    This is a really great blog. Thx to the auther

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