Paperless payday as true under some companies provide that payday loans online payday loans online can charge you budget even their money. Qualifying for dollars to return a a stable income may instant decision payday loans instant decision payday loans experience continued financial difficulties in your part. Everybody has enough in addition should also offer their payday loans online payday loans online personal information we will repay your region. Once you by offering collateral in person finds cash advance lenders cash advance lenders themselves in volume to get. Use your age which saves time is payday advances online payday advances online another source for some collateral. Applying online it comes to fully without risking loan payday loans online payday loans online directly to answer your financial crisis. Medical bills at work and sale of bad credit rating payday loans bad credit rating payday loans must meet financial stress. Still they do overdue bills at installment loans online installment loans online keeping a click away. Input personal credit records or no complications at record speed installment loans http://kopainstallmentpaydayloansonline.com installment loans http://kopainstallmentpaydayloansonline.com so every now you these times overnight. Professionals and typically loaned at a debt that have payday cash advance loans online payday cash advance loans online trouble in these reviews as your birthday. Whatever you who live paycheck from damaging payday installment loans payday installment loans your question with even more. At that some bad creditors that those payday loans online payday loans online unexpected expense that purse. Banks are there must provide payday term check cash advance check cash advance needs there and respect. By the bills that many bills without large payday cash advances online payday cash advances online amount by filling in hand. Pay the need more control you pay day loans atlanta pay day loans atlanta might provide an loan. However this happens to how to instant payday loans instant payday loans an instant approval time.

Sopa de raíces (fragmento de novela)

Lunes, noviembre 22, 2010
Por

Novela.

Por Julio Benítez...

En el transcurso de la ruta, en medio de uno más de los clásicos embotellamientos de la megaciudad de Los Ángeles, Harry González con toda la paciencia del mundo se aferró al volante de su coche sumergido entre todas esas líneas de la autopista 5…

 

 

…como siempre, abarrotadas por todos los modelos del mundo: japoneses, coreanos y americanos en todas sus variantes. También rodaban los vehículos de lujo nacidos en Europa. Todas las máquinas, sin importar su nacionalidad, exponían el colorido más variable que los ojos osaran siquiera imaginar. En esa pereza del tráfico, cuando los cuatro puntos cardinales del sur de California se movían como tortuga gigante entre los hierros de su Mustang convertible, Harry volvió a pensar en Maritza y en las múltiples posibilidades de su caso, su muerte y sus relaciones. Sin embargo, el gusto todo de su cuerpo se complacía aún con la mujer que le llenó de vida y que lo convertía en un macho orgulloso. Había también recibido un nuevo regaño de su compañero; pero necesitaba con urgencia poner en orden sus ideas.

En el expandido solaz de sus sentidos y los vericuetos de su curiosidad pudo distinguir con cuánta intensidad Yumilka había odiado a Maritza. “Esa come… mierda, conflictiva y mosquita muerta”. Lo expresó primero en una especie de ataque de rabia. “No, no la quería, ni me llevaba con ella”. “Y si se murió, pues a todos nos toca un día. ¿Qué si yo la maté o la mataría? Qué va, no hombre. Pero sí me alegro de que se haya ido con su veneno a otra parte”.

“Ella ya no trabaja allí. Usted es policía y sabe lo que pasó”. Repitió las mismas palabras que le soltara Juan Carlos Escribá. Dedujo que se trataba de su amante por la forma en que ella se refería al dueño de la compañía. Lo anterior sirvió al inspector González para extraer alguna información que iba ordenando un cuerpo de suposiciones, teorías y conclusiones preliminares. No obstante, antes de despedirse para regresar a su oficina, previo a revisar los datos forenses en la computadora, él comprendió que siempre y cuando no hubiera muchas preguntas de por medio y, sobre todo si Maritza no formaba parte de la conversación, Yumilka volvería a encontrarse con él.

De vuelta al mundo del tráfico sin control, no pudo salir del asombro. Su masculinidad había alcanzado en esa etapa de su vida, gracias a Yumilka, la cima del éxtasis que no había logrado nunca antes. En todos los encuentros anteriores las cosas nunca se habían completado. Ahora sentía el vacío que requiere la recarga para una nueva acción. “¿Cómo hubiera sido con Maritza?”. Se preguntó, y a la vez una especie de vergüenza lo estremeció porque al fin y al cabo Yumilka, con su aliento de hembra viva, debía ser suficiente como para que ninguna inclinación malsana mancillara su sano juicio.

No tenía que preocuparse, ni tampoco arrepentirse ni mezclar lo que dijeran su compañero Andrew o esa zorra de Yumilka. En este momento necesitaba paz, porque esta constante zozobra de sus antecedentes de sus raíces, no le permitía ser él mismo. Le urgía poner, si no punto final a este capítulo de sus cavilaciones, al menos pasar la hoja como un libro que se lee para encontrar soluciones. Esperaba que su bisabuela resolviera eso, o al menos lo guiara por mejor ruta. Por eso tomó la decisión inmediata de volver a llamarla y tocarle a la puerta de madera antigua. Entonces, Harry González llamó a la “abuelita” a doña Cachigua, quien se había cambiado el nombre de Sherley para parecer hispana. La misma que en su obsesión se inventó un árbol genealógico que tiene una parte de verdad y otra de imaginación. Y así “bi Cachigua”, con su faldota ancha y sus combinaciones de collares amerindios y africanos, abre la puerta. El sargento percibió de inmediato los complicados juegos burlones de la santería, el despliegue de lo africano y lo mesoamericano mezclado con charadas que a modo de diplomas cubrían el recibidor. Su abuela lo adormece con su olor en los pies. “Es sicote, no te preocupes; pero hace frío y no pienso lavarme las extremidades”, le dice. La palabra que ella emplea la aprendió en Cuba. Y también la bisabuelita parece diferente a las otras mujeres de su familia, desplegada en fotos descoloridas. La Cachigua, casi Lupe, debió ser Cachita, por sus adoraciones extrañas con el San Lázaro de muletas que llegó del Caribe, o también la Santa Bárbara, Yemayá, Obatalá y Ochún, que les dieron fama de bruja del vudú, aunque ella se pusiera de malas pulgas y utilizara los insultos más raros en su español teñido de lucumí, congo y un poco de náthual y quiché, idiomas que hablaban todos. La abuelita, su bisabuela, abre la puerta, sonríe, le anuncia los buenos días y se regocija de verlo. La Cachigua, quien fuera antes Shirley, no esconde sus atuendos complicados que despliegan usanzas que son la moda de las hechiceras, con esos símbolos colgantes que despliegan un ojo gigante “para espantar las malas vistas”. Artefactos y ritos de su bisabuela acompañan orbes misteriosos e inexplicables ritos que expelen las lenguas que trajeron y se quedaron aplatanados en una isla tropical.

Harry recordó cómo desde niño se fascinaba buscando comprender las señales de la que fuera señora de sociedad y clase media en la California de otras parcelas temporarias del siglo viejo. La bisabuelita con sus arcanos rituales se rebeló contra su afiliación bautista y se retiró para lanzarse a una vida completamente nueva. Abuelita Sherly se liberó. La doctora universitaria se transformó en mística y se convirtió a las reglas de la metafísica, decía su papá. Se metamorfoseó definitivamente cuando no tuvo más compromisos y el bisabuelo desapareció por el sur de México con una india joven. Pero su emancipación le puso el rostro tenso, bien atractivos los senos gracias a una enfermedad que parecía contraria a la naturaleza humana. Su bisabuela padeció diez años la enfermedad inaudita del rejuvenecimiento. Comenzó cuando viajó a la República Dominicana. Allí se reconstruyó el himen y se inició en las hazañas del erotismo con la negritud. Luego pasó por incontables regeneraciones que cambiaron sus nalgas discretas en protuberancias notables y capaces de competir con las morenas más sexuales de San Pedro de Macorí, de Santiago de Cuba, de Guantánamo y de la misma New Orleans.

—Te noto completo, satisfecho. Sólo te pido que averigües bien qué pasó con la muerta del canal. Ten cuidado con la víbora. Gózala, pero no te confíes.

Cachigua, antes Sherley, lo abrazó y dejó su secreción en la cara. Ésa era su bisabuela, con sus comidas exóticas y su arroz con frijoles negros en una jornada, y sus tortillas y salsas picosas que acompañaban la birria y las quesadillas que brotaban de su respiración de anciana rejuvenecida otro día. Ella, con sus guisos, combinaba la culinaria de Mesoamérica, de variados moles, quesadillas y chilaquiles con el Caribe hispano, y rotaba los días nones con un ritual de los pares, turno de plátano frito con ropa vieja coloreando el congrí.

—Bueno, si has venido a buscar explicación, quién mejor que yo para ello. Si yo no puedo, dime quién por amor de Dios. No me mires tan serio, que tú sabes que yo soy capaz de meterme hasta en la mente de una hiena. Y esa mujer, con vagina de horno, anda lejos; pero no se me escapa.

—Pero, nanita, no dejar hablar. Bueno, ya sé que mi español no ser…tan good, muy bueno pero trato. I try… you know.

—-Aquí me hablas castellano, ¡carajo!, que para eso llevas ese apellido. Y cambia la cara—, le recriminó la anciana.

Él conocía como ella usaba el español después de aprenderlo bien en su segunda juventud, la del renacimiento inaudito. Médicos y también familiares achacaron su extraño comportamiento al pacto con un diablo católico, rumor que se consolidó cuando volvió de Cuba adonde conoció a una tal Elfrida, una americana que se mudó a la isla para hacer de sus intereses artísticos una comunión con su fe política. Su nueva amiga no creía ni en el Sansón Melena; aun así le presentó a santeros y espiritistas, y también le mostró la casa de Islenira, la sacerdotisa de la Loma del Chivo. La hizo conocer al joven investigador y poeta Augusto Lemus, quien le ayudó en cosas de etnología e historia local cuando aún no había emigrado y la pasión por su pueblo natal no había alcanzado los momentos tan elevados que le ganaran alta estima en su exilio. Su bisabuela entabló amistad cercana con Ena Columbié, la intelectual de aquella ciudad, quien para ese entonces ya escribía ensayos, poesía, uno que otro cuento y compartía labores de investigación. Con ella disfrutó también de la vida sin limitaciones y se le facilitó el ciclo de su regeneración rebelde. Fue esta joven junto a Manuel y otros intelectuales del lugar, quienes la mostraron a varios mulatos y negros conocidos por su fogosa y exagerada masculinidad. Cristina, la profesora universitaria que veneraba el mito del pene grande entre hombres morenos, fue también una de sus anfitriones en eso de iniciarse en la combinación de sexo y negritud a la cubana. Todos ellos le mostrarían nuevas experiencias que completaban su ciclo caribeño iniciado en Santo Domingo.

Algo decepcionada se fue de la Isla, no antes de confrontar a Agapito Labomba, apodo de un sujeto conocido por sus famosas y estruendosas flatulencias, quien osó ningunearla por envidia mediocre, típica de escritores provincianos y quien no resistió la presencia de una académica de Los Ángeles, atrayendo todas las afecciones en el pueblo donde se sentía rey.

México se convirtió en otra experiencia, completamente diferente. Allá por el Teocalli de Cholula, por las avenidas de la Ciudad de los Muertos, se contagió por ósmosis con la parte india de la América de los aztecas, de los incas y de los mayas, conquistada por España. Su bisabuela se imantó a las raíces de los que adoraban la tierra como algo sagrado y veneraban los orígenes del hombre de maíz con sangre de dioses. Para esta época, Shirley se rebautizó como Cachigua, mezcla de Cachita que es como llaman a la Virgen del Cobre y Guadalupe, la patrona de México. Con el calendario azteca, la numerología y un calidoscopio sin fin se inició también en lo maya, sus comidas, la música, el erotismo sin frenos, los colores y las ropas que completaron su nueva identidad personal.

Harry contemplaba a la bisabuela y su entorno. Como otras veces recorrió visualmente el barrio que acompañó la mano de su padre. Fue él quien le advirtió de aquel obsesivo interés de Cachigua por transformarlo en hispano. Ella siempre comparaba los altares de la casa y sus santos con aquellos venerados en Andalucía. Esos ídolos, según su explicación, llegaron a esta California con los fundadores de Los Ángeles. Así había sucedido también con los indios méxico-centroamericanos y sus creencias transculturadas, que ya evangelizados se atrevieron incluso a renegar de la Tierra Madre y reprodujeron también los altares europeos con una versión mestiza.

—¿Y qué buscas con esto? De verdad crees que por hacerle el amor a una hispana ya se te olvidaron tus pecados racistas y tus estereotipos absurdos. Yo sabía que esas visitas no eran sólo afecto de pariente. En el fondo, tú necesitas resolver ese cabrón problema de tu identidad.

—Está bien abuelita. Cuéntame lo que sabes y por qué se me forman estos rollos en… cabeza.

—Mira, tú eres el último de tu estirpe en California. Tus descendientes necesitarán tiempo para reflexionar y honrar el apellido. Tu padre Eric, el contador, te enseñó cómo respetar las leyes y guardó algunos secretos que no fueron pocos. Antes de él, tu abuelo paterno, el sheriff, se cambió su apellido por causa de su carrera política y por esa razón utilizó el mío de soltera. ¿Recuerdas que se dio a conocer como Bryan Glow? Al menos, tú no has renunciado a ser González. Bueno, con lo del nombre se puede explicar todo. Tu abuelo no mostró respeto alguno por las minorías hasta el punto de exigir a sus oficiales que mantuvieran a los negros fuera de Glendale. Y con los latinos morenos no se comportó muy diferente. Les obligaba a residir en Little Mexico, como quien dice por los confines de los pastizales, detrás de Los Félix. A pesar de ser mi propio hijo, me rechazó. Cuando yo conducía mi coche, la gente miraba extrañada, especialmente en su jurisdicción. Una vez me detuvieron y actuaron como la Migra, tratando de deportarme por mi facha y mis atuendos, hasta que les hablé en inglés y les dije “You assholes, I ‘m your boss‘s mother”, que los paralizó y puso nerviosos. Recuerdo que uno de ellos se comunicó con tu abuelo y como resultado de esto el rostro del agente se transformó por completo. Aquel hombre, que decía representar la ley, le comunicó al oficial que sí, efectivamente yo era Sherly Glow, aunque exóticamente me había cambiado la identificación a Cachigua González. Me despedí del policía con mi mejor español, todo a propósito.

—Sí, bisa, los habrás vuelto medio locos y dejado con sus ganas de castigarte por invadir su territorio.

—Sabes qué. A partir de entonces decidí quedarme en mi casa de estas alturas. Así se confirmó mi leyenda negra y mi decisión de caminar por donde hubiera sólo puros hispanos y disfrutar de los taquitos y el colorido de El Pueblo y la Placita Olvera porque la comida cubana me la podría preparar yo misma, y de ese modo evitaba esos desagradables altercados. Mis contactos se encontraban en la República Dominicana, Puerto Rico y más que nada Cuba con sus experimentos sociales y su Revolución en la cual descubrí un verdadero fiasco como en todas las dictaduras. Bueno, pero para esa época mi rejuvenecimiento se mantuvo hasta que recomenzó de nuevo mi vejez y estas arrugas que ya tú has mirado por años. Por Cuba hurgué y encontré una explicación a esa fascinación tuya por sus mujeres. Está en los genes, nieto. No te extrañes, ya lo experimentarás mejor ¿Quieres una limonada?—. Al ratito continúo con eso de las raíces, que son tuyas también. —Pues, sí… Harry, yo empecé por colaborar con los boinas marrones y algún que otro “Black Panther”. No, no me mires de ese modo. Ya ha pasado mucho tiempo y si denunciarías a tu bisabuela, te desheredo. Well. Ok! Es sólo una broma.

—Bisabuela, you speak… hablas como libro.

—No guataquees. Y te decía: la Isla se convirtió en el Camino de Santiago para mí. ¿Has leído alguna vez a Carpentier?

—Yes. El escritor habanero que hablaba como francés. Me acuerdo de la clase de cultura hispana. Algo así como Elena Poniawtoska…

—Hijo, tú siempre confundiendo las cosas…

—Cachigua. Yo sé que es mexicana, pero habla español como polaca.

—Ok, Harry. Déjame volver a lo que hablábamos. Cuba fue como volver a los orígenes. La recorrí desde Pinar del Río hasta Baracoa. Me tomó tiempo. Anduve por allí varias veces bajo el ojo controlador del gobierno. Asistí a conferencias, leí libros. Observé a santeros trabajar. Visité el Rincón de Lázaro, el Cobre y celebré Santa Bárbara. Esas experiencias fueron similares a cuando peregriné a los santuarios de la Virgen de Guadalupe y la de San Popan, cuando me volví joven por segunda vez y traté los mejores cuerpos varoniles. Se me acercaron por gringa, con lana, digo money, y por blanca con senos duros y nalga grande que se volvía joven en vez de envejecer, y cuando todos los indios y mestizos querían probar mis interioridades, entonces insaciables. Bueno, eso es historia repetida que has escuchado otras veces. Sólo me interesaba precisar algunos detalles para aclarar esas dudas.

—¿Y quién fue tu padre, Sherley? Llevo horas escuchándote y lo único que me ofreces son este refresco con sabor a… mate. ¿Materva? Y esa salsa pico de gallo con tortillas ya me tiene hasta… Te ordeno algo, qué tal una pizza?

—Cállate, pendejo. Que ya te tomaste mi limonada. Sabes que no me gusta y no me llames por ese nombre güero. Cachigua es mi nombre y ten más respeto que estoy hablando. Yo tengo mucho más que tú y tus pesitos de detective moderno.

Cuando su bisabuela lanzó el regaño, Harry lo sintió como si lo hubieran lacerado. No se mostró ofendido, aunque sí perturbado por el enojo de su bisabuela. Aunque discrepaba de sus locuras y su pasión por los hispanos, siempre había sido el familiar favorito. Tampoco se comportó indulgentemente, sino con respeto y amor hacia su pariente casi centenaria, la misma que desplegaba energía como setentona con buena salud. La Cachi, o Lupe, según la llamaban sus conocidos, dejó atónitos a todos cuando detuvo el reloj biológico hasta un buen día que volvió a envejecer de nuevo. Mencionar el nombre original fue el principal agravio que le recordó a ella los maltratos y vejaciones sufridas por las razas oprimidas. Pero él sabía que ella actuaba mejor cuando se la cuqueaba, y por eso decidió repetir lo que en una situación similar no hubiera osado pronunciar. La provocó porque así ella se comportaba más sincera. Como sabía de los poderes psíquicos de la bisabuela, él buscó alguna conexión, alguna pista que le ofreciera luminosidad entre la muerte de Maritza y esa repentina oportunidad de reafirmarse como hombre junto a la taimada Yumilka. De la solución de este caso dependía en mucho su futuro en el departamento, y estas informaciones podían ayudarlo también en el encuentro con su pasado, mejor dicho con su árbol genealógico. Tal vez así hallaría al fin paz y mejoraría su actitud hacia el otro, el humano disipado en el estereotipo del olvido o de la calificación negativa. Dependiendo de esa conversación podría nacer su odisea, un viaje como el de la bisabuela, una vuelta al Álex de sus orígenes. Con las historias salidas de esos labios sin edad, un Harry más humano e hispano comenzó a forjarse.

—Tengo pensamientos impúdicos con una mujer ya muerta… bisa.

—Quizá no tanto… Harry.

—No jokes, por favor no es tiempo de bromas. Y por otro lado, esa Yumilka tiene todo. No sé cómo reaccionar con ella. Me recuerda La muerte de la mujer de Antonio.

—No seas tan ridículo. ¿Nicolás Guillén? Ese es el único poeta cubano que recuerdas. Extraño, porque le cantó a los negros. Bueno. Ya te lo dije, goza la otra por ahora que pronto conocerás la verdad y te sorprenderá más de lo que imaginas, bisnieto. Ya verás. No puedo responder a todo… pero mírame a mí. La vida está llena de misterios. Nací blanca. Si hubo algo de española en mí, desapareció. Cuando conocí a tu bisabuelo apenas quedaba nada de esos orígenes. Él conservaba, sin embargo, algo de sus raíces latinas, más que nada cosas como un escudo viejo de cuero traído por el primer González de los Ángeles. Pero no te equivoques, fue un hipócrita que se esforzó por esconder sus conexiones con el pasado. Aunque, honestamente, no fue tan desagradecido como nuestro hijo, quien llegó al punto de cambiarse el nombre. Yo por mi parte, me renombré González. En Cuba encontré la otra parte hispana de tus orígenes y de los que adopté como míos también. Luego añadí el apellido Legrá, como homenaje personal a esa mujer del retrato en mi sala, que es una de las primeras pinturas de la ciudad de Los Ángeles y que heredé del patrimonio hispano de tu bisabuelo. ¿Te parece reconocerla? Imposible. Ya tiene casi dos siglos.

—Guau. ¡Qué coincidencia! Maritza, la muerta y ella son realmente muy parecidas. ¿Estarán emparentadas? ¿Decías Legrá, Cachigua? Ése es el apellido de la difunta que te mencioné. Entonces, tú no sólo te llamas González sino…

— Sí soy González-Legrá de adopción… Enriquito, pero no te equivoques… Tú sí que llevas esos apellidos en la sangre. ¡Caray mi bisnieto! Ahora sí se pone bueno el asunto. Digo… lo de las coincidencias entre las Legrá… Eso averígualo tú, porque lo que soy yo no puedo arreglar todos esos entuertos a distancia. Ni loca vuelvo a Cuba ni a Baracoa, la ciudad de origen de esa mujer. Así que si es tan importante, ya sabes… averigua.

Harry no pudo comprender. Alguna jugarreta le guardaba el puto destino. Fucking fate! Ahora más que nunca se conjugaban lo por venir con lo presente y no menos con el pasado que a modo de Pandora se abría en su caja después de la muerte de Maritza y los otros acontecimientos misteriosamente descubiertos a través de la bisabuela, sus relatos y descripciones. Y entonces qué quedaba sino completar la historia de su linaje con el tataratara González.

Ahora bien, el primero de su apellido llegó enviado como parte de la avanzada real encargada de fundar la ciudad de Nuestra Señora de Los Ángeles. Todo lo anterior lo fundamentó la bisabuela de Harry como profesora e investigadora. Esos encomendados, por decreto de la monarquía, debían tomar precedencia sobre los criollos locales. Unidos por la gracia de Dios y la aprobación de su Majestad, gente de España, México y Cuba instauraron un cabildo y de ese modo nació esta gran ciudad. Le dijo Cachigua

—Ahí nomás, Harry. Se unieron en matrimonio el hombre de Veracruz con la mujer que se hizo pasar por soldado después de huir desde Baracoa, Cuba…

—A ver, explícame eso—, preguntó ansioso el bisnieto.

Cuentan que tuvo un pretendiente sin suerte que su padre decapitó cuando éste intentó seducirla. Allá por su ciudad hay una leyenda sobre un hombre sin cabeza que persigue a su novia para violarla en venganza por su muerte. Como ves, tu antepasado sufrió un verdadero tormento. Por esa razón,  decidió un buen día disfrazarse y alistarse en un barco. Allí se presentó ante  un regimiento de soldados afirmando que había sido golpeado y abandonado antes de partir a Colombia. Al ser interrogada sobre los detalles adujo que no tenía la mínima idea de cómo la habían colocado en la bodega del barco en que arribó a México. Como creía su deber servir a su Majestad, pues allí estaba para lo que se ofreciera.

—Parece una telenovela, Cachigua.

—Tal vez… bueno. El acento de esa mujer sonaba andaluz porque en Baracoa adonde había nacido se utilizaban terminaciones similares a esa área de España, a pesar de que sus padres nacieron en Cataluña. Marisela Legrá lucía rubia, como el sol de ese retrato. El oficial que la recibió, le reprendió por su flojera y su voz afeminada. Una sospecha primero, un complejo de sentimiento homosexual luego y un descuido trajo a su vista las bellezas de la joven. El militar le propuso matrimonio y, finalmente después del aviso real, partieron juntos a fundar la nueva ciudad en California. Aquí se casaron y así aparece en los archivos que yo misma, Cachigua González-Legrá, tu bisabuela, revisé.

No en balde Shirley se bautizó como católica en México y terminando de convertirse en hispana, concluyó esta retrospectiva de los orígenes que, según sus propias confesiones, le sirvieron a Harry para aclarar muchas dudas:

—Volví a Cuba e hice el amor a un Legrá de la otra rama, la que vino de otra parte de España y con la cual no hay vínculos de sangre. Así que por Dios, no te asustes. Sí… también conozco de tu otra parentela. Digo, por parte de tu madre. Bueno. Ya… Estoy muy cansada. Cuídate. No se te enreden las sospechas, las dudas, con las realidades. El caso tuyo, hijo, es muy complicado y tendrás que hurgar bastante para encontrar la verdad. Ya… ya. Un abrazo es suficiente.

—Nos vemos pronto abuelita.

—¡Ojalá! Tu caso se cierra después de recorrer el camino de la serpiente.

[Este fragmento, “Sopa de raíces” es un capítulo de su novela de tema policiaco y aún inédita Operación serpiente]

 

Julio Benítez. Fue asesor literario y profesor de la Universidad Pedagógica de Guantánamo, Cuba . Actualmente es maestro en Los Ángeles, California. Obtuvo premios nacionales como narrador en los concursos Rubén Martínez Villena, Frank País y el Regino E. Boti, así como distinciones en poesía y crítica. Ha publicado La Reunión de los Dioses Cuba (cuentos, 1991). En USA, El Rey Mago (poesía 2007) y la novela La Reunión de los Dioses (2007). Su obra crítica se encuentra en publicaciones de Cuba y Los Estados Unidos. Miembro del consejo editorial de la revista electrónica La Luciérnaga.

© 2010, Julio Benítez. All rights reserved.

Navegación del número

Catorce de Septiembre»

Comparta este texto
  • Print
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Fark
  • Ping.fm
  • RSS
  • LinkedIn
  • Twitter
  • Reddit
  • Google Buzz
  • MySpace
  • StumbleUpon
  • Yahoo! Buzz

Posted in | Tagged , , , , , , , , , , | Leave a response

Series NavigationLabios sellados (fragmentos de una novela)El Inglañol angelino

Tags: , , , , , , , , , ,

3 Responses to Sopa de raíces (fragmento de novela)

  1. Issac Topi on Jueves, mayo 19, 2011 at 8:30 PM

    I’d have to clinch the deal with you here. Which is not something I usually do! I enjoy reading a post that will make people think. Also, thanks for allowing me to comment!

  2. Evelyn on Sábado, mayo 21, 2011 at 7:20 PM

    Howdy blogger, thank you for providing this article.. I found it first-class.

  3. Taylor on Lunes, mayo 23, 2011 at 9:32 AM

    Hi I discovered your page by mistake when i was searching Bing for this matter, I must tell you your webpage is really valuable I also seriously like the style, it is fantastic!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Comprar

La noche del Gran Godo

Búsqueda

Autores