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Amos

Martes, julio 20, 2010
Por

Poesia

This entry is part 6 of 18 in the series Numero 8, julio 2010

Poesía.

Davina Ferreira…

 

 

 

 

 

 

 

 

***

***

Iré hacia ti

***

Iré hacia ti, con mis palabras de seda, te extenderé de nuevo mis manos: hablaremos de paz, pero quizás haya guerras,al fin vendrás conmigo, o te quedarás. Pronto te subiré

al tren del olvido. Luego allá arriba no te podrás bajar, las ventanas de los recuerdos las sellarán y el vapor de todo ayer será el cómodo humo de un cigarro. Yo iré hacia ti con

mis ojos marchitos. Y te mostraré el color de todas las mariposas que mataste en nuestro balcón, todas las alas rotas que dejaste. Los huesos de mujeres que desfilan sus

banderas de paz.

***

Amos

***

No tenía ganas de amar y llegaste sin avisar, sin pedir permiso, sin darme tiempo de ponerme mi escudo, de lavar mis raíces de guerra, de esmerarme en acomodar mis

debilidades, de crear mi huida. Llegaste como el viento de una muerte temprana, como el renacimiento de un miedo antiguo, como la sal del mar y la visita del triunfo.

Como un golpe bajo, o una mala noticia, o un súbito dolor salido de ninguna parte, sin causa ni efecto, como si no hubiera motivos ni destinos, ni tiempos equivocados, y

me escogiste a mí, porque… no lo sé, hubiese podido ser cualquiera, pero yo fui la que te gusté esa noche. Yo: Soledad Horizontes Mañana, ahora madre de dos, casada, pero

no contigo. Ocupación: clarividente de fantasías, o mejor dicho, comunicadora de los deseos no vividos. Esa noche viniste por mí, ya lo sé, traté de hacerle ojitos a tu amigo

para escaparme, pero no me sirvió, estabas ahí, callado e impávido, pero con tu objetivo enredado en mis piernas, luego en mi cintura y finalmente en mi triste alma. No te

presentí, creí que serías indefenso, y por eso te invité a sentarte conmigo en mi auto y a llevarte luego a otro lado, todo tan casual. Te hablé de mi simple vida llena de sueños,

y tú que no tenías mucha vida en ese entonces, antes de ser grande, de ser Emperador, tan sólo escuchabas, estabas aprisionado en tus pensamientos de amor a primera

vista. Improvisando me diste el nombre de Julieta, de Afrodita, del amor de tu vida, ¿yo por qué? ¡Insisto!, ¿porque era joven y atractiva?, o ¿porque era débil y torpe?, o

¿porque me habías soñado en una de tus fantasías de guerra?, o será porque en serio ¿alguien te había mandado desde el más allá a venir por mí? Pero lo juro: no le debía

nada a nadie, sólo estaba en un momento en el que quería más de la vida, estaba inquieta, nada más y sólo eso. Pero que vinieras tú a cambiarme todos mis esquemas, las

rutas más intangibles, los deseos e incluso dictarme mi destino; para eso no estaba preparada. Me dijiste que desde que me viste te enamoraste de mí. Vaya manera de amar

la tuya. Fuimos amantes, enseguida amigos, luego casi esposos, posteriormente nada; después una tristeza, ahora un vacío. Pero qué sigues haciendo aquí en mi vida si una

vez que me encontraste me dejaste ir. Creí que ya había sido suficiente, que mi vida ha sido tú, que mi muerte serás tú, que mi futuro lo dictará lo que sientas por mí, no

tengo mucho que decir, pues me escogiste, como el artista a su pincel, como el escritor a sus palabras. Déjame ir, por favor, quítame estas cadenas que hacen que no pueda

volar sin ti, que hacen que no pueda dejar de pensar en ti, que me impiden sacar mis alas por esta ventana y sobrevolar todas aquellas alturas que me hiciste una noche como

hogar, pues no lograste darme un techo donde aguardar nuestros sentimientos. Déjame ir. Quita toda atadura, todo hierro, o ayúdame a entender la razón de ser yo la

escogida; tu musa sin nombre propio, la heroína de tu película. La dama de tus sueños. La madre de tus hijos. Ayúdame a sembrar en ti esperanza, a creer que si llegaste por

mí, fue por algo más que romper mi aura o espíritu, no sólo para desgarrarme hasta encarnarme en otra criatura que no soy, llévame por ese camino de amor que inventaste

para mí, pero que no pudiste terminar por culpas que para qué nombrar ya. Me escogiste y ahora no puedo lavarme las manos sin mirar en ellas tus estrellas, y no puedo

mirarme al espejo sin verte a ti, con tu lazo y tu espada, con tu fuerza y tu latir. Atiéndeme, al fin, dime la necesidad que tienes de embarcar en otros territorios que nos son

ajenos, llévame de una vez si es que eso te hace feliz, y así de una vez me otorgas la felicidad real de poder estar por fin a tu lado, con la extraña marea y las cadencias de la

noche que aun nos llora. Por más que quiera no puedo luchar contra este amor. Tengo que ser tuya.

Los domingos las mujeres vienen a hacer fila fuera de mi casa para que les saque de sus entrañas sus fantasías más profundas, recónditas y hasta tenebrosas. Vienen y

cierran los ojos y veo el aura de sus deseos, las extrañas y absurdas voluntades escondidas dentro de sus corazones. Todas tienen una fantasía más fuerte que las otras, que

son solo los vasos sanguíneos de una intención. Y se las cuento, mientras ellas lloran o me miran o a veces escriben. Pero la mía, luego de muchos años, solo llegó a mí hoy,

mientras pelaba una cebolla en la cocina que me hacía llorar; entonces supe que dentro de mí… aún vivías tú.

***

Fantasía

***

Iré a ti. Con mi equipaje sin miedo; con dagas y esferas de verdad, lápidas de paz y confianza; con mi elíxir de belleza, la convicción de existir y la sabiduría para poder

descifrarte. Iré a ti en un barco sobre el Mediterráneo. Será azul y se llamará como tú: Azu. Llegará a tu única orilla. Allí pondré mi bandera y nuestro hogar; allí nacerán

nuestros hijos. Allí estará la vida de la criatura que escogiste, allí estará tu secreto y tu corazón. ¿Que cómo viviremos? No lo sé, dímelo tú que gobiernas y diriges imperios,

que logras todo lo que sueñas y que me escogiste, que entre un millón de estrellas, caíste en mi cielo y me arrebataste de mi órbita; dímelo tú que has dictado todo en mi

vida, que no me has dejado andar en libertad, que te enamoraste solamente de mí, aunque tantas te concibieran suyo. No sé nada de ti, sólo sé que te amo, sólo sé que eres

mi amo y que hoy embarco a una extraña isla llamada Amos, a encontrarme contigo para ser felices…

***

I. El primer día

***

Estoy en Amos. Es una isla hermosa, aún no puedo creer que me la hayas regalado. Pero todavía no has llegado. Me tocó una pequeña tormenta, mas la mayoría del tiempo

la pasé bien. No me puedo quejar. Esta parte del mundo es muy diferente. Hasta el agua del mar me supo distinto, no es la misma sal, es más una mezcla de azúcar y miel

combinada con sal. El cielo es como un púrpura sombreado, no del claro azul o el gris esparcido. Y las aves están más solas que de costumbre, pero cantan más. Unas

canciones tan lindas, que me hicieron llorar y recordar. Pero qué voy a recordar si acá lo tendré todo. Sólo tú, todo para mí. Nada que nos separe, todo para mostrarme al fin

la razón por la cual me escogiste. Me llamaré Azmaril. Un emperador necesita una emperatriz. Y nuestro primer hijo se llamará casi como tú: Azur. Luego vendrá nuestra

hija, Amarez. Al bajarme del barco me mojé todo mi vestido blanco, y así me quedé, el sol me secó y me calentó rápidamente. Me siento tan libre aquí. Sólo me faltas tú. He

calculado que desde la costa en África te tomará otros dos días, así tendré tiempo de poner nuestra bandera y prepararte la mejor cena de tu vida. Siento que al fin me has

dado la oportunidad de enamorarme, porque me has dado una razón para creer en ti, creando para mí toda esta isla. Esta noche me sentaré frente al fuego y miraré las

estrellas para ver si encuentro mi antiguo lugar, a ver si descifro al fin por qué me escogiste a mí entre tantas de ellas. Pensaré en ti. Y contaré como siempre las horas para

volverte a ver.

***

II. Al siguiente día

***

No tuve pesadillas, me levanté en paz. Dormí cerca a la playa y me despertó el sol. Hoy sí llegarás. Lo siento por dentro, muy adentro. Trataré de pescar algo y de encontrar

diferentes flores y frutas para tu bienvenida. No me he mirado al espejo desde que llegué y no creo que lo haga. Me bañaré desnuda en este hermoso mar que es tan

transparente como mi amor por ti. Y me pondré el vestido que te gusta. Ya he pensado cómo quiero mi habitación y dónde nos sentaremos en las noches a oír las olas y a

mirar el cielo. Es el punto perfecto para divisar la inmensidad de esta isla y de nuestras vidas.

***

III. Llegada de Azu

***

Por fin has llegado. Estoy viva de felicidad. No has cambiado para nada. Estás igual de fuerte e imponente, tienes la misma mirada profunda y la misma sonrisa misteriosa, la

misma manera de expresar el amor que vive en el subsuelo del silencio. Ya sé cómo me amas, silenciosamente, entre la vida y la muerte y con un gran deseo oculto. Lo vi en

tus ojos. Aún me encuentras bella, me deseas; sé cómo te puedo seducir, casi sin querer, sólo una manera lejana de persuadirte; recuerdo haberte conocido casi totalmente

tiempo atrás, antes de… qué importa, ya estamos aquí. Estoy feliz, nunca había podido decirlo con tanta certeza. Te he preparado un baño de flores silvestres y luego un

manjar de frutas. Ahora caminas por la playa, estás tan feliz como yo y por eso prefiero no hablar y seguir escribiendo en mi diario, para no perturbar el orden hermoso de la

naturaleza, el valor absoluto de nuestro amor.

***

IV. Comunión

***

Nos hemos quedado dormidos anoche, luego de tomar el vino que me trajiste del Viejo Mundo. Nos reímos mucho y me dijiste que hoy me darías un regalo. Me dijiste que

era un regalo para la emperatriz de una isla como yo, y no me imagino qué es. Pero acá no necesitamos mucho; Dios lo ha hecho todo tan perfecto, alejados de esa otra vida

que nos abrumaba. Hoy caminaremos en los Montes Sagrados de la Trinidad. Y te amaré otra vez hasta el amanecer.

***

V. El regalo

***

Una pulsera con colmillos de león y piedras preciosas. Es el emblema de las tribus guerreras que te enseñaron a gobernar. Me lo diste para que nunca me lo quite de mi

mano derecha. Lo llevo puesto, y me hace sentir tan protegida que dudo que alguna vez pueda tener miedo otra vez… Me miraste directo a los ojos muchas veces y me dijiste

que me necesitabas y que me amabas, que yo era tuya. Eso siempre lo he sabido. Te pertenezco. ¿Qué más puedo decir de la isla de Amos? Es el lugar que soñé, nunca creí

poder ser tan feliz; mi capacidad de felicidad es superior de lo que pensé, y eso gracias a tu amor, ese que no busqué pero que me encontró. Así es el amor, nos escoge. Y no

hay nada que podamos hacer, sólo entregarnos. Ya pronto nacerá Azur. Luego llegará Amarez y nosotros seguiremos amándonos hasta que el barco vuelva por nosotros.

En ese entonces estaremos preparados para ir a alta mar y estar allí por otras cuantas eternidades. Eso sí, en la próxima vida yo te escogeré a ti, no estarás buscando el amor,

y te sorprenderé, no te dejaré ir, te perseguiré por toda tu existencia hasta tenerte, hasta liberarte de todas tus otras vidas, así como tú lo hiciste en esta vida conmigo y te

llevaré a mi isla llamada Olve… repetiremos eternamente esta extraña y perfecta felicidad…

***

Realidad

***

Ahora, en este momento, cuando mi desesperación vuelve y mi soledad me tienta con las memorias viejas que tengo de ti, de lo que fuiste, como érase una vez… en algún

cuento mitológico, mejor continúo mis quehaceres diarios. Lavaré los platos, acostaré a los niños, les daré de comer y plancharé la ropa, pues en esta vida nuestro amor

siempre lo has hecho imposible.

***

Davina A. Ferreira nació en Miami, Florida, pero creció en Medellín, Colombia, de donde conserva gran parte de su esencia e inspiración. En 1998 vino a California para continuar sus estudios universitarios en arte dramático de la Universidad de California, Irvine. Ese mismo año, participó en varias obras de teatro, series de televisión y proyectos de cine independiente. Luego en 2006 tuvo la oportunidad de asistir a la Real Academia de Drama en Londres. En 2008, comenzó sus estudios de periodismo en UCLA. Actualmente, acaba de salir a la venta su primer libro titulado Llévame Contigo, una colección de historias y poemas de amor. Ella reside en Los Ángeles donde es reportera para La Prensa de Los Ángeles.


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3 Responses to Amos

  1. Amos | Enfoque Hispano on Domingo, agosto 1, 2010 at 8:46 PM

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  2. Moon Wikle on Jueves, mayo 19, 2011 at 7:52 PM

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  3. Lillian on Sábado, mayo 21, 2011 at 7:20 PM

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