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Poemas de Alberto Lauro (Selección)

Domingo, enero 23, 2011
Por
This entry is part 18 of 19 in the series Número 4, febrero de 2010

Poesía.

Por Palabra Abierta…

 

 

 

 

 

 


 

 

[Estos poemas de Alberto Lauro son una selección, presentada por Palabra Abierta en este número 11, de su ya reconocido libro Con la misma furia de la primavera —enviado especialmente por el autor a nuestra revista— que, como segunda edición, será publicado en febrero de este año 2011 por Visión Libros Editorial. Este cuaderno obtuvo el Premio de Literatura 1986, de la ciudad de Holguín, en Cuba y en aquella misma ocasión, de inmediato, fue censurado por el régimen castrista. Hoy, gracias a la mencionada casa editora, resucita a la luz definitivamente].

De la furia a la primavera

Por Manuel Gayol Mecías

La publicación de estos poemas, en lo personal, es un gran acontecimiento para mí porque no sólo se presenta aquí, en nuestro espacio de Palabra Abierta, una selección de poemas de un buen amigo, lo cual no es el caso exclusivamente, sino asimismo porque es la introducción a un gran poeta que es Alberto Lauro, autor de un bello libro que los mecanismos y decretos de una dictadura pretendieron desaparecer, pero hoy resalta con todo el esplendor y solidez del fuego que brota Con la misma furia de la primavera.

Éste, su libro, de donde he extraído 14 perdurables poemas (porque, naturalmente, por un asunto de espacio no puedo escoger todos los textos) como un conjunto que me atrevo a creer símbolo de universos paralelos, donde se pueden conjugar la infinitud estética de un aleph borgiano con la sensibilidad de una palabra mágica que convierte las imágenes en ternura y los sueños en metáforas. Así, los rincones del niño, del adolescente y del joven se hacen sugerencias múltiples, dignas para cualquier lector; y todo junto a la dimensión de una fuerza germinal que se alza en las manos de un iniciado de la esperanza (desde aquella vez de 1986 en que ganara su merecido premio de literatura en Holguín), cuando ahora es ya un poeta de la imaginación reconocido dentro y fuera de la Isla, y a quien me atrevo a describir mediante una metáfora que habla no del aletear de un Ícaro, sino de un fénix.

En estos versos —desde que salieron por primera vez, desde hoy y desde el futuro— aun cuando en ocasiones se sientan desgarramientos y dolores, también se tejen las posibilidades de la esperanza, repito, que es la primavera como una nueva aventura en ángulo abierto hacia cielos y abismos humanos: profundos en sus azarosas tardes, con sus crepúsculos cuajados de tenues luces y de oscuras incertidumbres; poemas siempre inagotables en el reflejo del ser que queremos ser y somos, dándonos al otro, al que siempre espera en el camino con el espacio de los brazos vacíos.

Por lo pronto, para mí, Con la misma furia de la primavera es ese libro en el que he podido hurgar, como si descendiera a una mina de imágenes y encontrara en las blancas paredes del tiempo el oro de su palabra.

 

 

[Aparte de su connotación estética y de la importancia por su lugar en la cultura cubana contemporánea, este libro ha padecido también, al igual que muchos otros en la historia de la literatura, de esa impronta de los absurdos políticos, como ya se anunció. Pero es mejor conocer de ello de primera mano, mediante un fragmento de lo que muy bien pudiera ser otra Nota a la Segunda Edición, y que aquí también incluimos].

Un libro que se publicó pero que no existe

Los poemas fueron escritos por Alberto Lauro (Holguín, Cuba, 1959) entre los años 1983 y 1986 en [las ciudades de] Holguín y La Habana. Después de arduas discusiones del jurado, Con la misma furia de la primavera obtuvo el Premio Literatura-86 y fue publicado en abril de 1987. El poeta Manuel Díaz Martínez presidió el jurado y —como antes le sucedió con el libro Fuera del juego, de Heberto Padilla, o Hija de Eva, de María Elena Cruz Varela— le otorgó la distinción en contra de la institución que lo convocaba: el Sectorial Provincial de Cultura de Holguín, Cuba.

A ello le siguió un enfrentamiento del autor con los funcionarios de esa entidad y luego con el Partido Comunista de la provincia al negarse a suprimir algunos poemas que, según le objetaron, daban una imagen negativa y contestataria de la juventud cubana, así como lo inconveniente de algunos nombres que aparecían en las dedicatorias. El autor se negó y amenazó con publicarlo fuera de Cuba. Para evitar el escándalo, el libro vio la luz con muchísimas erratas y omisiones de algunos destinatarios de los poemas. A su presentación en Holguín, sin convocatoria de prensa ni público, asistió el poeta Eliseo Diego para dar apoyo a Alberto Lauro. No hubo notas periodísticas ni tuvo reseñas, salvo la aparecida en la revista Manxa, de Ciudad Real (España), firmada por el poeta y crítico Antonio González Guerrero. Ya para esa fecha [Lauro] era un joven poeta de reconocido prestigio, pues había obtenido varios premios literarios nacionales, participado en programas de radio y televisión y en eventos auspiciados por la Biblioteca Nacional José Martí, el Ministerio de Cultura, la Asociación Hermanos Saíz (apéndice de la Unión de Jóvenes Comunistas que controla a los artistas y escritores jóvenes) y la Casa de las Américas, amén de su precocidad como periodista en el diario Ahora de Holguín. No le permitieron cumplimentar las invitaciones literarias que recibió de universidades y entidades extranjeras, aunque él reclamó este derecho durante varios años al mismísimo Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

El libro no fue distribuido en las librerías, salvo algunos ejemplares en su ciudad natal, donde con posterioridad han sido vendidos a precios exorbitantes en el mercado negro. Fue la consecuencia de su osadía al publicar en España, meses antes de recibir este premio, con el patrocinio del poeta chileno Alberto Baeza Flores y el poeta y editor español José Jurado Morales, Parábolas y otros poemas (Ediciones Rondas, Barcelona, 1987) sin permiso oficial. Los ejemplares que le remitieron fueron confiscados y decomisados en la Aduana de La Habana. Tampoco le aprobaban que, haciendo caso omiso de las numerosas advertencias de la policía política de la Seguridad del Estado, siguiera colaborando en revistas literarias internacionales como Quimera, Cuaderno Literario Azor y Manxa (España), Linden Lane Magazine (Estados Unidos), Revue Noire (Francia), Babel (Portugal), entre otras, e ignorando a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, organización a la que se negó a pertenecer.

A pesar de la censura, el libro en copias manuscritas situó al poeta entre las voces destacadas de la “Generación de los 80” en la isla. Años más tarde algunos poemas del libro fueron publicados por Emilio de Armas en la revista Letras Cubanas y otros en distintas publicaciones como Unión y El Caimán Barbudo, siendo incluido en numerosas antologías, entre ellas: Un grupo avanza silencioso (UNAM, México, 1990, y Letras Cubanas, La Habana, 1994); Provincia del Universo (Ed. Holguín, Cuba, 1993); Poesía Cubana: la isla entera (Ed. Betania, Madrid, 1995), Los frutos del sol (Ateneo de Los Teques, Venezuela, 1996), La eterna danza (Ed. Letras Cubanas, 2000 y 2006), Antología de la Poesía Cósmica Cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001), Los frutos del sol (Ed. La hoja de la calle, Venezuela, 2003), y Nueva Poesía Hispanoamericana (Ed. Lord Byron, Lima, 2007), entre otras. En 2002 leyó una amplia selección de este poemario y de Cuaderno de Antinoo (Ed. Betania, Madrid, 1994) para toda Cuba desde las emisiones de Radio “Martí”, radicada en Miami, en el programa Poeta, poema, poesía dirigido por la poeta Rina Lastre.

El autor se negó a publicar en las editoriales de Cuba desde 1986. En 1990 le permitieron ir a Suiza invitado por la Asociación de Estudios de Literatura y Sociedades de América Latina, y los Departamentos de Español de las Universidades de Neuchâtel y la Católica de Friburgo. A su regreso varios manuscritos le fueron confiscados y nunca devueltos, aunque hiciera múltiples reclamaciones. Los últimos años en Cuba los pasó prácticamente aislado y vigilado en una mansión en La Habana. Su artículo publicado en Francia “Últimas conversaciones con Reinaldo Arenas” (Revue Noire, Nº. 6, Sept.- Oct., 1992), estando aún en La Habana, marcó su pública ruptura con el régimen castrista. En 1992 varios amigos lo convencieron para que editara y fuera reivindicado. Entonces les entregó un manuscrito (Libro de las noches de Job) que fue aprobado por la Editorial Letras Cubanas para su edición, mientras el poeta sabía que intentaría escapar de Cuba. Falsificando un permiso de salida oficial lo logra. Ese poemario no llegó a editarse. Dentro de Cuba apoyó siempre a sus amigos marginados por la oficialidad cultural, entre ellos, la pintora Antonia Eiriz, el pintor Raúl Speek, al cineasta y pintor Nicolás Guillén Landrián, al artista Miguel Ángel Ponce de León, la pintora Clara Morera, el escritor Reinaldo Bragado, el preso histórico de “los plantados” Guillermo Mustelier —al que ayudó a revisar textos escritos por él en prisión que luego fueron dados a conocer como denuncias fuera de Cuba— o el prisionero político y Presidente de la Comisión Cubana pro Derechos Humanos y Reconciliación Nacional Gustavo Arcos Bergnes. A su llegada a Madrid, en 1993, el poeta Gastón Baquero le entregó manuscritos de libros suyos que pudo sacar clandestinamente de Cuba.

Con el aval del Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas y el Consejo Español de Ayudas a los Refugiados, el Gobierno español le concedió primero asilo político y la ciudadanía española después.

Según los datos de www.cubaliteraria.com, portal literario oficial de la isla, con datos suministrados por el Instituto de Literatura y Lingüística y el Instituto Cubano del libro, el autor nació en 1914 y falleció en 1959.

Al cumplirse los veinticinco años de su aparición Visión Libros Editorial, tal cual el poeta lo concibió, rescata para sus lectores Con la misma furia de la primavera, el libro que le diera notoriedad a pesar de la censura y el secuestro de los ejemplares editados, escrito por Alberto Lauro, poeta, escritor y periodista cubano que continúa denunciando desde España y los foros internacionales la falta de libertad de expresión; el encarcelamiento de los periodistas, escritores y artistas independientes y el férreo control del Gobierno cubano sobre los medios de comunicación en Cuba.

***

Poemas

de

Con la misma furia de la primavera

Por Alberto Lauro

Pues por tus palabras serás justificado
Y por tus palabras serás condenado.

S. Mateo 12, 37.

 

***

Puesta en escena

Cuando se apagaron las luces

empezó, implacable, el redoble del tambor.

Iba pasando el desfile

de lentejuelas y máscaras

que animarían las funciones

de la siniestra temporada.

 

Más tarde apareció el payaso

que a nadie hizo reír,

soltando sobre nuestras cabezas

pavorosas llamas de su boca de dragón.

En la misma escena antes había sido

cartomántico, domador, equilibrista

y otros oficios innombrables.

 

Vimos el fuego tomar alturas,

llegar hasta la carpa destrozada

que ya para entonces

amenazaba con hundirse

entre el silencio y las ruinas.

 

Lo demás ya se sabe.

Los monos escaparon a la madrugada.

La rumbera se fue con un borracho,

dejando tras su paso huellas

de tules y alcanfor.

Los elefantes aplastaron el campo de rosas.

El circo se incendió.

 

***

Boceto de figurín para “Las Miniaturas” de Sholem Aleijem

(En la muerte de Chagall)

Tú que abres las manos

tratando, desesperadamente,

de decir adiós,

aferrado con la agonía del moribundo

al único madero que flota en el mar

que es ya la noche.

 

Tú que cierras las manos,

no queriendo ser el réprobo

que aplaude, complacido,

la abominable escena de lujuria

entre la hija del rey y un tabernero,

sabes que en esos dedos

todos los caminos se terminan,

huellas silenciosas

donde tantas veces quisiste leer

los fuegos indescifrables del porvenir.

 

Esas manos conocen

la rugosa piel de las paredes,

el frío del ómnibus que parte

en la madrugada, sin pasajeros ni despedidas;

guardan el sueño sombrío

de oscuros hoteles y sórdidas posadas

cuando te dabas una cita imprevisible

con la felicidad.

 

Esas manos han acariciado

la copa del rojo vino

como el talle de una corista tropical

(siempre con la esperanza de hallar

en cada gesto el final y la

pasión de un acto consumado).

 

Esas manos

han pedido limosnas al amor,

y ya vuelven a hundirse

en el fondo de los bolsillos

de alguien que viste

un traje raído con bufanda azul

—muy amable, muy gentil—

pero sin rostro.

 

***

Poema de la extranjera

Tendida sobre un banco de madera

de modo que la sábana

improvisa la fría mortaja de los muertos,

sobre tu viejo abrigo

del color más furioso del verano,

dormitas en la estación

sin intentar otra visita a la casa de tu madre,

besar por última vez a los que te amaron,

sentarte a la mesa del abuelo.

 

Urgente hiciste las maletas para el viaje.

No echaste en ella memorias

(son harapos, ceniza, proyectos inútiles:

deja que los recuerdos entierren a los recuerdos).

No lleves contigo fotos de nadie

(la distancia borrará

los nombres de las caras enmudecidas)

ni direcciones para enviar a fin de año

tarjetas con pedazos de espejos y luces

del árbol talado de la Navidad.

 

Es inevitable que a donde vayas te acompañen

desastres, sobresaltos que despierten

amor y remordimiento debajo de tu piel.

Con las manos y labios resecos no digas adiós.

Ponte los espejuelos más oscuros

de manera que podamos olvidar

el desesperado cielo de tus ojos.

Despierta. Vas a partir,

Viajera hacia la noche.

 

***

Pupilas de Tiresias

I Tiresias, though blind,
throbbing betwen two lives.

T.S. Elliot.

 

Sus dedos van palpando la pared de sombras,

La áspera textura del escombro,

siluetas ignoradas

en el silencio del sol.

 

En el espacio sitúa la posible dimensión

de un objeto, el cuerpo y el deseo.

Contempla la mirada de la esfinge

para quien todo nombre de suicida es ignorado,

el enigma en la escritura de los signos

que ni el tiempo ni el sueño de los hombres

pudieron descifrar.

 

Lo cotidiano, lo sobrenatural

tienen el mismo sentido para él.

Opaca y limitada es la efímera página

del libro que alienta la vida del poeta.

Desde la densa oscuridad define sonidos,

palabras en la noche de las islas,

cuando un pez cruza el alga transparente

en los colores del ciego

y se apagan las luces de la ciudad.

No existen señales en sus calles.

Ausentes los astros estallan en su cielo.

Huésped de sí mismo en la tiniebla

es digno de los dioses: su milagro.

Tanto como la ofensa la compasión le es extraña.

Por generosidad o desprecio

no le tiendan manos al pasar. Ni fuego.

Para qué quiere la luz:

aprende a caminar entre las ruinas de su tiempo.

 

***

Una mujer ha venido

Una mujer ha venido a contemplar la noche.

Con su callado paso, silenciosa

mira las quietas aguas de mis ojos,

se sienta a ver pasar en la distancia

las aves que nunca supe a dónde van.

Su húmedo pecho de amar sabe

esconder entre montañas de oro mi cabeza,

junto a las horas que hemos compartido

agonizando en las playas del deseo

mientras, posesos de la fiebre,

fijaba estrellas en mi muerte, robaba sueños

con el poder de sus ansias,

sembraba espigas a todo lo largo del camino.

Una mujer ha venido a contemplar la noche.

Sabe que sus labios recorro con la lluvia.

Cada calle tiene la sombra de su pelo,

que luego deja caer sobre mi espalda

brillante como haces de trigo.

Del estanque de su cuerpo nacen flores extrañas,

manantiales para la sed del caminante,

su pupila cegada por el sol,

la llanura que es toda su espera,

la copa derramada, el vino nuevo.

 

***

Generación

Si te digo que odio puede ser que ame

si te explico en detalle qué sueño

puede que mi lucidez

sea más exacta que nunca.

Sufro deudas también impagables

descubro mundos inciertos

piso cráteres viejísimos como la galaxia

que se aleja         gira alrededor

de la piel de una muchacha

sus ojos grises inundados de algas

flota en la desierta piscina de mi edad

de agua salvaje.

El sol devora lo que tampoco es mío

esta sola muchacha sin ropas

brisa de mar      mi sola pertenencia

manto que serenaba a mis pies

su curva de juncos

como la esbelta silueta de un alce

 

He perdido también días irrecuperables

hago señales en la carretera

peregrino que lleva en su alforja de viajero

rostros          hierba

proyectos inútiles.

 

Si te digo que amo tú afirmas que miento

ahora créeme

sin tu mano nunca podré

caminar sobre las aguas.

 

***

Óleo del último otoño

Un flamboyán

de fuego

arde solo en la luz de la mañana.

Bandadas de garzas blancas vuelan

sobre palmas y manglares,

destellan bajo la luz del mediodía.

 

Tú estás sentada, ausente

entre la sombra y la brisa

que aguarda tu rostro,

la furia desnuda de las ramas,

pálida viajera, amiga,

en la indefensa espesura:

detrás la hierba se quema

hasta que la hoguera toma

un sitio en tu cuerpo.

 

Cerca de la arboleda, el barranco,

la áspera roca que no ha besado la nieve,

los pájaros

sobre este campo sin flores

-los he visto pasar ligeros

y fugaces como la noche por tus ojos-

y cimbran las cañabravas

que el viento mece junto al río.

 

Un flamboyán

de fuego

arde solo en la luz de la mañana.

Brilla junto a su tronco una canción perdida

(después del aguacero)

que va dejando

breves arroyos

sobre la tierra ocre.

 

***

Adolescencia

No pueden apartarse quienes
Entre sí vivos se mantienen.

John Donne

Finalmente las muchachas se marcharon

y a los amigos cientos de fronteras nos separan.

Éramos quienes andaban largas llanuras

despiertos hasta esperan el alba.

Ellas escogían las frutas maduras cantando

canciones alegres, orgullosas de nosotros,

fuertes y ágiles.

 

Íbamos de noche a ver el mar,

bien sumadas las escasas monedas

que enviaron nuestros padres,

justas para ir a cualquier sitio

donde hasta muy tarde beber

cerveza clara y amarga como las despedidas,

en compañía de mujeres innombrables que aspiraban

a ser madres de hijos que no nacieron nunca

-a ellas juramos, perdidos luego

en el humo sin inocencia

y la conmovida penumbra de sus ojos grises

haberlas confundido

con las más bellas extranjeras de Europa Occidental.

 

Casi se olvida la infancia

en que lanzamos al viento puro de la mañana,

contra el fuego del sol,

miles de blancas palomas de papel.

Las cartas, cada vez menos, se cruzan todavía.

En el tintero se seca una sustancia que imprime

insólitos colores al abismo de la lejanía y del espanto,

evaporando rostros, recuerdos, hechos como palabras

roedoras de lápidas, besos y lanzallamas,

odios y alegrías enaltecidos

por victoriosos gritos de guerra,

en la paz cotidiana,

más allá de la cítara, la sangre y el yunque.

 

El horizonte no es el perro hambriento

que abre sus enormes fauces, el epitafio

que el tiempo arroja a la cara,

pesada piedra

al fondo del ácido párpado de la ira:

se encienden señales como hogueras

a todo lo largo y ancho del camino,

el que repasa el ojo del huracán

al dejar en su adiós siniestras madrigueras,

hambrientas caricias, desnudas miradas.

 

Y el sueño, con la etérea elegancia del centauro,

practica los pasos ingenuos del minuet

sobre la pasarela

—los mismos de las reses que van al matadero

con aire de feria o conducidos por máscaras,

adoradores de santos de madera,

indulgentes a veces y a veces implacables

en el sinuoso camino del ciempiés,

que aguarda el insulto sigiloso de que

todo poema es un disparo a quemarropa*.

 

Huimos, prófugos de la adolescencia,

mientras ante nuestro paso

la vida se tiende con su mirada de perro fiel.

 

Estamos, amigos, en la esquina de siempre,

más serios que de costumbre

—tanto que la vecina más próxima

bajo estos aburridos nombres

ya no nos reconoce-

reunidos para festejar

la agonía de un siglo de temor y gloria,

en el que conocimos

el júbilo en la frontera imprecisa de los años

de la pasión que nos salva y nos condena.

 

Finalmente las muchachas se marcharon

Y a los amigos cientos de fronteras nos separan.

Pronto cumpliremos la última edad de Cristo.

Arduo será el andar

por largas avenidas y pueblos diferentes

aguardando la tarde y el amor,

pero entre las heridas del miedo y la esperanza

 

cantemos con la misma

furia de la primavera.

* Los versos subrayados pertenecen al poeta José Z. Tallet.

 

***

Ya no tendrá piedad la primavera

Ya no tendrá piedad la primavera si las luces ocres del otoño

se deslizan por tu piel,

las aguas del estanque, del jardín de la casa solitaria

donde las rosas entregan su perfume al aire, al árbol,

a la ropa tendida que como recuerdos en su mansedumbre nos apenan,

inerme ante los puños el viento.

He escuchado la música del piano perderse en solitarios corredores,

junto a la voz que ya no oímos, canción de aquella tímida muchacha,

lejanísima mariposa de la noche

que en su pelo guardó todo el aroma del miedo,

detenido el vuelo desolado y rumoroso de las serenas alas;

fugaz he visto cómo se aleja mientras sueña la estación de nieve

que sentimos en copos caer tan desoladamente en el alma,

más allá del día en que naciste en tu sereno estar,

desnuda flor, tan sola en la profunda tierra.

 

No tendrá piedad la primavera con el mediodía del páramo, de la penumbra

de las voces al saludar,

del gusto del café saboreado en la quietud del mimbre de la tarde,

si llega como el mar furioso al arrecife oscuro,

como el anciano que se estremece al tocar la llama de un cuerpo mucho

tiempo deseado.

 

Mi corazón como una higuera seca te presiente,

prisionera que hallas entre vastas rejas

el fulgor de la ajena y propia libertad:

tu destino es el ardiente y herido corazón del hombre.

Ya no tendrá piedad la primavera.

Vestirá de su fuego todo el mundo

con sus labios que saben besar la piel de los leprosos,

los ateridos párpados otra vez abiertos a la vida,

al rocío, al astro que dice en la intemperie

su leve canto de mayor eternidad.

 

***

Viajera

Qué gesto me regalas,

amiga de la bondad y la secreta dicha,

entre palomas que dejan en tu mirar

señales que nos iluminan

como a los fieles caminantes

el amado fuego.

 

Sola arderá tu sombra

en la ceniza del tiempo,

más allá de tu propio corazón

y de tu paso breve,

en el camino que vimos

perderse detrás de los lejanos árboles.

 

Y eras tú, amiga, tu perfume,

tus párpados dormidos

en el oro ciego de la calma

quien nos da la luz como un consuelo,

haciendo para el Hijo de este solo,

pequeño establo,

qué única mansión para el silencio.

 

***

Hamlet

En el silencio de una noche

Implacables fórceps de acero

Al tibio vientre penetraron

Hirieron mi cara

Y me dejaron para siempre

En medio de otra noche

Que no termina nunca.

***

Acecho

Detrás de esta página

hay un inmenso abismo.

 

Yo lo he visto arder bajo una piel

y perderse

luego

en tu mirada.

***

Leyendo a Boris Pasternak

Si llegara el invierno, madre;

si acaso por fin llegara el invierno

Con tu bondad de siempre hazlo pasar,

dale un sitio junto al fuego,

cúbrete con su manto de nevadas eternas

y en el umbral de la casa

reza por mí,

pero sin lágrimas.

 

Gotas de lluvia

caen de los aleros y las ramas oscuras.

La noche llega

para vestir de luz

todas las aguas.

 

Si llegara, madre, el invierno,

deja la sombra de los alces

correr veloz sobre las tumbas.

 

Riega por mí las plantas del cantero

en la penumbra del zaguán,

frente al camino de altos abedules

donde pasó para siempre

tu hijo peregrino.

 

***

 

Sombra de las ceibas

La noche bella no deja dormir.
José Martí

Confiado a la sombra

de las hojas y a mis pasos,

disparó alguien

a la paloma del cielo transparente

de mi corazón.

En el aire la vi girar,

manchando el camino de sangre,

caer sobre la tierra

y otra vez remontar el vuelo.

 

Su vida es la luz

que inunda esta isla mágica,

sol que nace

de la espuma del mar,

al horizonte de las playas.

 

Bajo las ceibas:

ramas, piel de ébano, garras,

polvo y agua de los cuatro ríos del Paraíso

contra las ávidas manos de la muerte.

Silencio. Noche de Cuba,

cómo lenta y apacible

te ciernes sobre mí!


Alberto Lauro, Poeta, escritor y periodista cubano. Ha conseguido numerosos premios literarios, entre los que cabe citar el Mirta Aguirre, el Caimán Barbudo, el David, Literatura 86, La Edad de Oro y el Premio de la Ciudad de Holguín. Es autor de los poemarios Con la misma furia de la primavera (1987) y Cuaderno de Antinoo (1994), entre otros. En 2004 ganó el premio Odisea de Literatura en España, país donde reside hoy, con su novela En brazos de Caín.

© 2011. Alberto Lauro. All rights reserved.

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8 Responses to Poemas de Alberto Lauro (Selección)

  1. Alvaro Pae on Miércoles, mayo 18, 2011 at 10:48 PM

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  7. Concha Pelayo on Sábado, junio 4, 2011 at 2:12 AM

    Amigo Lauro, su poesía es un homenaje a las cuatro fuerzas de la naturaleza: aire, fuego, tierra, agua. Una poesía repleta de energía positiva. Le felicito.

  8. bienvenida cucalo on Sábado, octubre 1, 2011 at 2:17 PM

    quiero mandsar un fuerte abrazo a una persona a la que quiero mucho mucho y que hace años no veo y que me da mucha alegria saber de el es alberto lauro besitos bienv.

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