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El hombre que fue tu amante

Domingo, febrero 14, 2010
Por

Poesía amorosa

This entry is part 10 of 16 in the series Edición especial por el Día del Amor

Comparaciones de la muerte

Morir sería como estar flotando

revolcado en sábanas vegetales

esta cama cierta y negra y maga y tuya

alienado entre el cieloraso y agua que no cesa

desde la cristalina efigie de tu boca

tenso el cuello y a punto de esfumarse

por el reverso lado oscuro de mis dientes

podría morir ahora flotando en esta cama negra

pero prefiero sumergirme en un inventario de llegadas y reveses

alimentar cierto tipo de intento saturado de silencio

por eso piso la losa fría de tanto llorar que no me dejes

y revivo la escalofriante glaciación de los mensajes

y sueño con la viva condición de un momento que se asiente

se afirme y me convenza que estamos juntos

al ver tu cuerpo en cruz crispado por acallar los malos sueños

y a las mañanas augurarte que descanses que descanses

y besar tu oreja sin despertarte en señal de mi partida

oh espejo cama espejo            tibio duro inmenso salvaje

nube a punto de madurar y dar frutos

late la cama espejo espejo y se contrae como útero

late la cama espejo y me muero un poco

cuando tu pierna me abarca y levanto

sería morirme agitar los brazos lerdos como caña de pescar

te digo soy un coleóptero al sol

me cosquillea el levísimo peso de las alas

atormenta el recuerdo de su fragor de hélices

y es inevitable que me estire empapado de un líquido primario

me estiro insecto tardío arrebatado de goce ante tu embestida

o bien es tu mano que se extiende y que cubre mi frente

acallas un clamor que me cruza por el pecho

y me encomiendo al intento sincero de seguir viviendo

al mencionar los nombres de tus dioses nuevos

espesos vapores de mi raza o historias macabras

o los dioses nativos dueños de la luna y el sacrificio

o rodar por el piso líquido de la sala hecho cucharita

o esconderme como chicle pegado

al pupitre de mi primera escuela

y si me duele el pecho

pronuncio para adentro las palabras mágicas

nada     todavía no vengas        todo va a estar bien

le digo a la muerte que temo vivir incierto y pesadumbre

y puede que entonces llegue la hora

una sola vela más titile y destile lágrimas

barras de dinamita diminuta revienten

mi piel en escamas de poros abiertos y brillo de adioses

por fin cerrar el circuito digital de los Debes

y ya no más potros que te arrojen por el aire

ni infelices que disfracen sus pequeñas maldades de proezas

ni la tristeza de arrastrarse por centavos

o converger en la fauce endeble

de mi horror propio y vago como niebla

morir                vivir

estirar el brazo izquierdo y encontrar toda tu extensión a mi lado

en el reverso de tu puño

acariciar la planicie sobrecogedora de tus piernas

repetir la fórmula antigua que clausura la noche

y te deja a merced de recuerdos y terrores

alguna vez visitaré tu sueño

abrazaré tu viscosa pesadilla con mi alma cortada

por el desasosiego

alma en desuso de mal hombre

y yo seré aquel día de color casi transparente

entrando por la puerta de tu íntima carpa

por toda la llanura de tu miedo entrecortado

y ataré los cabos del dolor con un abrazo adormilado

la panacea perfecta y poderosa de los fuertes los que aman

para prevenir que regresen los jinetes ensañados

y que atropellen con sus coces tu ternura de terruño

morir o vivir

o acudir a ver qué es lo que hacés        con quién hablás

mientras el reverso de tu puño

agita dos dados de buena suerte en un vaivén

o bien que caen pegajosos uno a uno

cinco-dos         cinco-seis         doble cuatro

y entonces es algarabía y el sabor

dulce y pesado y adictivo de estar vivo

morir o vivir en vaivén flotando los dos

sobrevolamos andenes de terrones       pan de tu tierra

cilantro sabores nuevos de nuestra cocina

licuado de mango licuado de papaya

el goce en el fondo de un vaso

de cristal alto y brillante como un hombre bueno

almacenes de leche cremosa vegetal

almacenes de ternura    vagones de abundancia

tras el nácar de tu vientre

atiborrados      glotones           un lujo

es un lujo como nos estamos amando

simple e increíble como el día que sigue

simple e increíble como el día que sigue

y alargando el brazo izquierdo rozo

uva redonda sin semilla en mi lengua

la sombra de los pétalos de tus senos

proyectados con licencia de ave buena

recorro con limpieza de puro aceite

tus senos nuevos y directos

entre dedos derretidos o mis pestañas o mis labios

crece el bosque acá se hace espesura

la comisura de mi boca en la restauración de mi potencia

sin estaciones intermedias

…ni pasos de ferrocarril

ni recovecos

…ni asfalto estancado en el recuerdo de una lluvia

ni renovación de mis poemas

crece el bosque espejo cama negra late

se magnifica y retira marea por el orificio del placer

se contiene en un atadito de pobre

entre el índice y el pulgar

bosque sin mar bosque sin cielo desconsolado

madera verde a lo lejos sin deforestación  ni incendio

ni más agua que la que traje al mundo

y me largo a caminar entre tus piernas

tuyo     apasionado      yo

agua agua agua agua

morir    vivir      un poco

estalla otra barrita azul y explota

por detrás de tu espalda

me convierto en semilla de hombre

cúmulo misterioso de alternativas y esperanzas

lamo la sal de tu piel

el polvo plomizo ya se asienta en nuestra casa

preparo una sopa judía para pasar el primer invierno

y también quizás la paloma ajena y distraída

en el patio del museo del mundo de los grandes.

Courtleigh Drive, 1998

***

Desde este lado del espejo

Los hombres que me veo en el espejo

no se hablan ni habitan el espejo

se miran sin mirarse no prometen ni convergen

en el humo de tus labios.

Los hombres que me miro en el espejo

son inocuos se limpian en silencio

la sustancia blanca de la noche        hilos de infancia

y escoria de susurros

el tierno estertor de malos sueños malos

reverbera repercute como dije

te dije quizás se doblen como tallo podrido

ennegrecido por el peso del recuerdo

o bien caigan uno a uno amontonándose

como escamoso ganges en el delirio fangoso

de aquel río para que sobrevivan los que fluyen

los que aman con la boca salada de tanto desprecio

los que llueven en la acera lacerándose

sin saber por dónde se les fue la vida

y a su caída quizás se deje ver

el reflejo espejo

el sino vaporoso de tu aliento

tu gemido matutino

la hechumbre misteriosa y redonda

de tu pelo mojado

el sabor amorfo y lejano como patria

de una pasta dentífrica que has importado

desde aquel otro país y habitado

y detrás

y lejos

y allá del agua

y detrás

nuestras caras sepia

torpes gestos de iniciantes

juntos aparecemos juntos.

(Estos hombres del espacio no se encogen ni se cansan

ni se arrastran de tanto ámbar y razones

que justifiquen su sordera o un castigo

no rompen el cristal del hechizo con las manos de agua

para salir a flote como antes, perfumados, perdidos,

pesados de orgías y desgracias

o en perfecto estado

de agonía y sobresalto.)

***

El hijo de tu palabra

Hay un tren que parte hacia el norte esta mañana

el norte es un objetivo, el lugar donde

abundan los puentes, la vida lenta de chocolate.

Ahora

que preparamos nuestra definitiva/ final/ última

ahogada y resistida puesta en escena

como cierras los ojos para no ver a los fantasmas

soplo en ellos

“Estamos todos aquí”

los que te creímos,

tendiendo una sábana de abrazos mientras se instala

en nuestros aposentos

el viento Santa Ana para atajar tus caídas porque la distancia no sirve

envolverte con un frente unido de pechos y de gargantas ahogadas

aquí somos todos

desde la mujer de labios renegridos o apretados

o pelo reunido más atrás de la nuca

cadenciosa, mano de sombra, cariño derretido

y los hombres que has amado o que amas

o que no amas y que

te rodean aquí con frente clara y mirada ardiente

los que abusaron de tu ropa negra

tu cara inundada por el llanto convulso

y los terribles secretos que se esparcen.

Y el hombre hecho de éter que te circunda como fiel argamasa

que ha hecho de tu Kristal Nacht un reflejo de espejos

que se esmera y se acaba antes de llegar a tu lecho

antes de que llegues a su lecho

en donde ni te espera

ni te desea

ni muere

en

tí.

Aunque.

A aquel hombres de huesos livianos y mano blanda

yo saludo con mi pedido judío de paz

dedicado a la gente que aún aprecio.

Y yo,

el último de los hijos de tus palabras, que

sostengo con una mano la punta de tu cobija salvadora

como milagroso taled caído del espacio,

o delicado pezón que amasan mis dedos,

y con la otra escribo

tu nombre en el agua del Pacífico

su eco en las montañas, siembro

tu llamado sonoro y abierto

entre los maderos de la resaca, más allá

del Pier de Santa Mónica

donde rocé tu nombre bajo la alegría de tu falda.

Me desintegro, las astillas de mi vida se alejan en órbita,

comienzo a experimentar los primeros cansancios.

No han quedado

ni hueso sano, ni momentos especiales,

se los comió el olvido gastado, aburrido, vacío, cercenado

como la última sombra  o más bien

el más triste anhelo sobre la tierra.

Y hacemos la ronda, tiernos,

fieles eunuquillos a tu servicio

unidos en el prendedor que te atraviesa.

Muchas veces vi mi cabeza rondando frente

a tus labios sellados.

Hasta cuando la serpiente

de tu lengua sabia

se incrustaba en la base de mi cuerpo.

Después de estas noches no llega el día.

Quedé ajado como esas antiguas bolitas de porcelana

casi mártir de mi propio invento, casi sueño

evaporado de espuma de caricias que recorren la sombra

de mi cuero cabelludo o de tu vientre terso.

***

El hombre que fue tu amante


El hombre que fue tu amante está parado en la esquina de nuestra casa nueva y espera

lo he visto las otras noches en la comisura de tus labios

en el afán de tus caderas cuando estallan contra las mías

en un remolino de girasoles.

Al hombre que fue tu amante lo he encontrado en la calle céntrica de tu poesía

tu historia que estuvo en boca de otros hombres como si fuese la novedad

como exquisito pan mi amor

y me afano por taparle la cara cuando sueñas para que no la veas

te susurro que ya no lo ames y que estás aún dormida entre las sábanas

Ese hombre me conoce y me retuerce sin tocarme

El hombre que fue tu amante vuelve su eco desde el abismo de tu nombre

Y cuando desaparece de su acecho porque te acurrucas a mi lado

me pregunto en el espejo si aún quiero

y un hilo finísimo de ternura empuja mis labios.

***

Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989, donde trabaja para el diario La Opinión de esa ciudad como editor de noticias y del sitio digital. Publica allí su columna “Gente de Los Angeles”. Es bloguero, poeta, novelista y cuentista. Se dedicó al periodismo y cubrió varias guerras como corresponsal de estaciones de radio y periódicos de España, Argentina y Estados Unidos. Fundador y editor en jefe de la Editorial Alfil, en Tel Aviv, 1980-1989. Dirigió el semanario Tiempo, Tel Aviv, 1981-1984. Fundador y editor de la revista literaria y cultural Alef, Tel Aviv, 1984-1988. Publicó  la novela Soldados de Papel, 1983; antologado en la colección de poetas y escritores hispanos Ciclo, 1981 y en la antología de escritores extranjeros Ravkol, 1988. Por su colección de cuentos Hermanos entre nosotros ganó la mención especial del premio literario Arturo Capdevila, 1985. En Los Ángeles, fue antologado en Cuatro Poetas de Los Ángeles, 1998, editado por Antonieta Villamil.  En diciembre de 1998 aparecieron dos exponentes de su obra en prosa en la gigantesca antología El Gran Libro de América Judía, editada por Isaac Goldemberg.  En 2008 apareció su colección de cuentos Teatro de Títeres, Cervantes Publishing, y en 2009 el poemario El Ciclo del Amor, La Mancha Publishing Group.
Es fundador y editor de HispanicLA.com y ex director de Palabra Abierta.
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0 Responses to El hombre que fue tu amante

  1. Manuel Gayol Mecias on Lunes, febrero 15, 2010 at 1:44 PM

    Gabriel, ya vi todos tus poemas verso a verso, y he echado camino al andar; me gustan mucho y el ultimo, “El hombre que fue tu amante”, me encanto. En tus versos noto una combinacion de saltos lexicales muy original, pues me parece que se da una correspondencia sonora entre ellos. Esto, creo, impulsa la sorpresa y la espontaneidad, amen de que el contenido se va como tejiendo, y mas que desarrollar el tema del amor en un discurso con cierta logica, la connotacion de todo lo que te dije antes hace mas bien que el contenido se sienta; o sea, que logras que tus poemas se sientan mas que se describan diciendo algo. Y esto pienso que es esencial para la poesia. En horabuena, amigo.

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