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De Presencia del futuro esplendor

Domingo, febrero 14, 2010
Por

Poesía amorosa

This entry is part 12 of 16 in the series Edición especial por el Día del Amor

 

A mis nietos, Christian Alexander y Giulianna Camille,
que siempre estuvieron en la esperanza de estos poemas.

Y ahora también a Grethel y Héctor,
que siempre están inventando su luz

 

Porque viene a ser mi voz alma de vuestro silencio

Lope de Vega

De Presencia del futuro esplendor

(1984 – 1986)

Así andaban, Punch and Judy

atrayéndose y rechazándose

como hace falta si no se quiere

que el amor termine en cromo

o en romanza sin palabras.

Julio Cortázar: Rayuela (-7)

I

Había un sabor a invierno en la tarde del mundo

esferitas de sol tibio brillando en el estanque

y un perfume a zumo fresco que salía de tu pelo:

silenciosos cabellos fríos

que me atraían lentamente.

Entonces yo buscaba el espejo

como el pez en su soledad

en su recinto íntimo, de ámbar.

Hubo una pausa entre los dos

al igual que una borrachera de naranjas y chocolates.

Y nosotros, en las postrimerías del otoño

fuimos un pronóstico de Grethel.

Nosotros solos y libres

bajo la mortecina luz de una cobija.

Y los pasadizos de las casas saltando hacia tus ojos

como si no fuera el azar, sino un asalto al cielo

un asalto al tiempo del cielo.

II

Y yo con la historia de

un poema por hacer

percibiéndote todos

los días

cuando despiertan tú y la esperanza

y la mañana del mar

por la ventana.

Porque ahora soy el que está frente a ti

y me perdonas

me perdonas por nublarte la mirada.

Tu mirada de caminos australes

que termina en mi piel de necio

y que ha buscado hondo en el mar

la suerte de los peces.

Estamos en litigio con la vida

siempre

como un eterno desenlace no resuelto.

Qué decirte cuando vemos la penumbra

que avanza

y tus manos desgastándose en el polvo

del cuarto.

Y yo escribiéndote estas líneas

entre deseos y congojas.

Si hay una vez para el comienzo

este minuto que el universo

nos dedica, guárdalo en tu pecho

y sigamos hacia el futuro esplendor.

Porque eres parte de ese misterio

esa significación que tengo de tu germen.

¿Cómo no amarte, entonces, para limpiar

el cieno de mi rostro: este infortunio

de no tener la luz constante?

III

Y me respondes con la pupila

hacia el paisaje

con tu fórmula de ademanes inequívocos.

Aunque eres un deseo sin nombre

sin título de paciencia; algo así como

la ola que va

y viene

y se pierde

y que es el mar.

Alguien dijo que el amor es el recuerdo

un absurdo

recuerdo del presente; otro dijo: una voz

del viaje interminable.

Para mí, eres la palabra escondida

la gacela rompiendo el tiempo

esa sonrisa en la ventana abierta

y el testigo terrible de la incertidumbre.

No quiero ser, entonces, el cuadro frío

del mármol

ni el espejo, repetidor de otra mirada.

Necesito tu mano tibia en el costado

para saber que el mundo

no descansa.

IV

El ámbar vino contigo

rehaciéndose contigo.

Fue la destreza del sosiego despertando a

la voz

sin hablar de lo imposible, claro

o de la faz retenida

a destiempo; tú saliendo de las sábanas

como una silueta lunar.

Cuando el ámbar, inagotable

abandona el temor dormido ya

trae la instancia posible de la luz

y despiertas en el ámbito ancho

del gesto.

Tú, que eres ambarina

como un manojo de arena

sonriendo bajo el mar.

Tú, con la solución de una sonrisa

dando eternas vueltas sobre mí.

V

Tu noche compartida

la mía: la que siempre

emprendo contigo, como un juego

de naipes

donde hay un rey de espada en vilo

en el perfil de la carta, mirando

el borde de las cosas.

Esta humana noche alternándose

con el ruido familiar

con la prisa inmisericorde. Y el estruendo

de la sangre sonando limpio

cada día, cada hora de nuestro tacto

cercano.

Porque solo basta tocarnos las manos

ese roce de los dedos. Aunque el mar

rompa los muros de la ciudad

y el atardecer

se sumerja por instantes. No tengamos

miedo

la luz viene de adentro, hacia

las muchedumbres y las calles.

Y el espejismo de la ciudad semejando un solo cuerpo

imaginando los fragmentos del sueño.

Tú abriendo los párpados, hablándome de Grethel

explicando por qué Hansel se quedó

en el cuento

y Grethel aprendiendo una canción

y el piano sonando largo

como una mañanera danza

como una sonata de mar en la ventana.

VI

¿Qué misterio quedará impávido

ante la niña que viene

y alborota junto a la mesa puesta?

La niña interesada en Magallanes

en los indios y Las Casas

y en los océanos de papel.

¿Cuál es el secreto del Arca

que poseo?

¿La luz          simplemente eso

o el fruto enaltecido de tu vientre?

Algo quedará más allá del ocaso.

Estoy seguro que es el viento

un transeúnte primigenio.

Sí, el viento…

El viento que regresa.

VII

Porque es tu aliento el que retorna

ese jadeo inefable

que salta por la ventana hacia la plaza.

Y el fénix reconquista el universo

del lecho

en el sentido mítico de toda mujer

ese devaneo del tiempo entre dos cuerpos

la aniquilación del espacio

cuando tu muslo, lúcido, atrapa

mi temblor.

Entonces, el cielo se va haciendo una rosa

luego, otra flor extraña abriéndose

infinitamente.

En estas noches jugamos al reencuentro

al sacrificio divino del toro

de su imagen estelar en el ruedo del cuarto.

Y el abejón pierde su terror a la muerte

mientras las campanadas de un reloj lejano

apuran su vuelo hacia el imantado jardín.

VIII

¿Quién sino yo

traducirá tu vida

en un lenguaje de pequeños detalles

de río transparente en la oscuridad

donde solo existe el tiempo que espera?

El espejo vacío

se va llenando con el ruido del tiempo

mientras tú reconstruyes

los fragmentos del único sueño

y yo desando en este poema

que es el tuyo.

¡En el páramo hay una espiga fresca!

Y en las ruinas del viejo castillo

una mujer encuentra la carta perdida.

Hay una silla inmóvil en el cuarto

y el polvillo doméstico traspasa

sus rejillas.

Pero es mejor saber que el mar viene

del mar

que la espuma reaparece.

Así, la tristeza tiene algo de triunfo

y meditamos en la oscuridad

hasta que el alba suaviza nuestros

cuerpos.

Pero el amor, esa palabra…

Viene a limpiar del gesto la ojerosa

vigilia

de los necios amantes.

Y el coito vuelve ufano al centro mismo

del cuarto

para tener la aventura

de otra quimera

igualmente digna.

Más tarde, el amor prosigue

en una semejanza

tierna, como una romanza desubicada

en las postrimerías del pasado.

Esa palabra que padecemos

en infinito

número de horas, cuando la noche se une

con el día.

Porque el amor no puede dejarse

en la repisa

queda ahí, en el rincón posible

aunque también se va prendido

a nuestras sombras:

invisible amor insistiendo

como un gorrito de aire diferente.

XIII

Y yo he de tenerte

en la escondida mirada

en el centro mismo del silencio

y en la noche del espejo

en el conjuro de la luz, con su idioma

digno de recuerdos

en las complejas vibraciones del cristal

en cualquier abecedario de artilugios

o en aquel grupo de jazz

bajo las notas de un saxo.

Tú que contemplabas el baile

el da capo frenético de un mambo.

Tú con el sentido deseo de mujer airosa

tenaz en tu figura solitaria

sentada a la mesa de un convite.

Aquel tiempo de farras ya casi legendario.

XVI

Estos manuscritos encontrados

son como rumores que persisten

intentos complicados de luz

que no ansían el final.

No sé si el poema se olvide

o quede la duda lastimando.

Pero habrá un eco probable

en los grandes ojos.

¿Algún recuerdo escoltará el deseo

de sentir el alba?

¿Será, quizás, el vasto silencio

o la sonora carcajada?

¿El oficio en éxtasis vacío, los estrujados

papeles sobre la mesa, el juguete

y los libros de la niña

que se repiten en el sueño?

No sé…

Pero no pienses que es solo íntimo

el poema

alguien quedará contento, alguien beberá

en la fuente

y lavará su rostro

y acabará la carta

en un punto y aparte que comienza.

Los poemas seleccionados de “Presencia del futuro esplendor” han sido extraídos de su poemario Retablo de la Fábula, publicado por la Editorial Letras Cubanas en La Habana, 1989.

Manuel Gayol Mecías es el editor de Palabra Abierta. Escritor y periodista cubano. Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana en 1979. Fue investigador literario del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas (1979-1989). Posteriormente trabajó como especialista literario de la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, y además fue miembro del Consejo de redacción de la revista Vivarium, auspiciado por el Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana.
Ha publicado trabajos críticos, cuentos y poemas en diversas publicaciones periódicas de su país y del extranjero, y también ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) 1992.
En el año 2004 ganó el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por El otro sueño de Sísifo.
Trabajó como editor en la revista Contacto, en 1994 y 1995. Desde 1996 y hasta 2008 fue editor de estilo (Copy Editor), editor de cambios (Shift Editor) y coeditor en el periódico La Opinión, de Los Ángeles, California.
Actualmente, reside en la ciudad de Corona, California.
OBRAS PUBLICADAS: Retablo de la fábula (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); Valoración Múltiple sobre Andrés Bello (Compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); El jaguar es un sueño de ámbar (Cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); Retorno de la duda (Poesía, Ediciones Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995).

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0 Responses to De Presencia del futuro esplendor

  1. Angelita on Viernes, febrero 19, 2010 at 5:03 PM

    Este suplemento te quedo genial mi amigo! Felicidades y exito te deseo siempre!!!!

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