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‘Cita a ciegas’. De Borges a Mario Diament y a Hugo Quintana

Martes, agosto 16, 2011
Por
This entry is part 1 of 16 in the series Número 15, agosto de 2011

Teatro. Crítica.

Por Gabriel Lerner…

 

 

 

 

Se abre el telón, un hombre cruza el escenario y se sienta en lo que ya es el banco de una plaza, un parque. La música de Astor Piazzola dice que es Buenos Aires. Sabemos que el hombre es ciego y viejo porque lleva gafas oscuras y un bastón.
Sabemos que es Borges.
Y nos estremecemos de respeto y solemnidad porque éste nos escuchará, aunque ya conozca lo que se diga. Porque nos juzgue sin decirlo, nos mire sin vernos… Y sobre los hombros de esta suposición crece la obra.
En el marco del Primer Festival de Teatro en Acción de la Bilingual Foundation of the Arts en Los Ángeles se presentó el 16 de julio Cita a ciegas, de Mario Diament, dirigida por Hugo Quintana.
Y a lo largo de las dos partes de teatro leído se va desovillando una trama concatenada de escenas familiares, y momentos que nos parecen ya vividos. Nos apabulla la serie de encuentros casuales donde las coincidencias dominan y lo inverosímil aparece como lo más coherente: un espejo apresurado de una vida posible donde la conjetura es certeza.
Pero como el texto y el material teatral son de la tierra, el público hispano de Los Ángeles se identifica, ríe, llora; lo representado en escena ya lo ha vivido:

MUJER: Me siento enjaulada.
PSICOLOGA: ¿Enjaulada?
MUJER: Sí, enjaulada. Así es como me siento.
PSICOLOGA: ¿Quién la ha enjaulado?
MUJER: ¿Quién? Yo misma. Yo me construí una linda jaula y me metí en ella.
PSICOLOGA: ¿Quisiera ser más específica?
MUJER: Mire, hace veintiocho años que estoy casada…
————————————–
PSICOLOGA: ¿Así ve su matrimonio? ¿Como una jaula?
MUJER: Sí.
PSICOLOGA: ¿Y quién es el carcelero? ¿Su esposo?
MUJER: ¡No, pobre! El no tiene nada que ver.
PSICOLOGA: ¿No tiene nada que ver?
MUJER: El tiene su propia jaula.

Así, el público reconoce lo cotidiano en escena y percibe que [la escena] está concatenada a su propia vida, y que de eso se trata:
Cruza la plaza el Hombre (Danny Pardo) y se sienta al lado del Ciego, como en uno de sus cuentos, Borges el joven se sienta en el banco de una plaza de Praga con Borges el viejo.
La presencia del Ciego sirve como catalizador: el Hombre cuenta su historia de hombre enajenado, de banquero insatisfecho, casado, y al contarla se envalentona frente al Ciego y desovilla, una vez más, su historia para llegar a un presente atormentado donde persigue una relación imposible, a la Muchacha: joven, sensual, rebelde, escurridiza. Con ella hizo el amor y solo vive para repetir ese instante, y la sigue, porque al amarla se mareó y “sentí que mi vida se había disparado en una dimensión desconocida”.
Explica el Ciego como Borges la maravilla de los encuentros fortuitos y las probabilidades de lo imposible, y comparece la Muchacha en el camino, en la plaza, en el mismo banco.
Las funciones se entrelazan y mezclan. Se encienden las luces y una psicóloga entrevista a una mujer que pierde la juventud. La primera es esposa del Hombre; la segunda, madre de la Muchacha. Deviene el Análisis, una sucesión de preguntas que repiten las respuestas:
“Mi marido es infeliz; mi hija me detesta”.
“Su hija la detesta”.
Sin mencionarlo, la escena imita la del Escritor, del Ciego, con el mismo resultado: los personajes finalmente mantienen entre ellos una relación tenue pero fatal donde ni siquiera el Ciego, por más Borges que sea, se salva de ser protagonista del presente y engranaje del drama porque hace a su vez una confidencia al banquero sobre un amor juvenil, en realidad un fantasma, que apareció por instantes en una estación de Metro de París. Desde esa fracción de instante las vidas —las miradas de Ciego y Mujer— se separaron en senderos que se bifurcaban pero que milagrosamente se conservaron por… pues solamente por el azar y la casualidad, por décadas.
“Aquella muchacha era el amor inevitable que había esperado toda la vida”.
La confidencia, una vez proferida, pronunciada, cobra vida y se asienta al fin e identifica inevitablemente con la vida de uno de los protagonistas.

Pero eso será después del climax, donde Hombre y Psicóloga, Marido y Mujer, chocan y se atacan y desgarran. ¿Qué le pasa a él? ¿A quién sigue?

PSICOLOGA: Pregunto si estas teniendo un affaire.
HOMBRE: No. ¿Qué affaire?
PSICOLOGA: ¿Estás viendo a alguien?
HOMBRE: Bueno, depende de lo que entiendas por ver…

El hombre, el banquero, el único personaje que cambia a lo largo de la obra y por tanto el conductor de su mensaje, responde primero como un adolescente, después como un rufián. Siguen escenas de fuerza —con profuso uso de giros argentinos que generaron en Quintana, como dijo en la sala, la necesidad de que los actores sean precisamente argentinos…
La discusión solamente puede terminar en un intento de otredad, de cambio, el prolegómeno de la muerte:

HOMBRE: Tengo que irme.
PSICOLOGA: Si te vas ahora, no volvés más.
El HOMBRE: se pone la peluca, el bigote postizo y los anteojos negros.

En la ruta de los cinco personajes que se movían dentro de sus soledades predeterminadas en un ciclo, uno aceptó el cambio. Fue su obsesión, la perdición, pero abrió el camino para el desenlace y en definitiva, la razón de la obra.
Se palpa, casi anuncia la tragedia. Pero no se ve.  Solo se menciona en el inicio del último cuadro, cuando se prepara un final de cuento de hadas. La madre de la Muchacha se encuentra con el Ciego. Recuerdan. ¿Eres tú? Sí. Se toman de la mano. Final.

Cita a ciegas, estrenada en 2004, se presentó en 16 países, incluyendo Buenos Aires, México D. F., Colima, Bogotá, Los Ángeles, actualmente se está ensayando en Polonia.
Hugo Quintana, que también actúa como el Ciego y también dirige el ciclo de Teatro en Acción, remontó con éxito el desafío de una obra difícil e inteligente, que transcurre casi exclusivamente en la inmovilidad del diálogo, siempre entre dos interlocutores, lo que también certifica la inteligencia de un público angelino que absorbió los textos a lo largo de cinco cuadros, aceptando que estuvo basada casi exclusivamente en la Palabra. La puesta en escena resulta entonces sutil y eficaz.
Impresionaron en su metamorfosis y elocuencia Danny Pardo como el Hombre e Irene de Bari como la Psicóloga que alterna casi de inmediato de la invulnerabilidad del terapeuta en la mujer engañada y golpeada.  Mónica Sánchez-Navarro, conocida figura del teleteatro mexicano fue la “Mujer”, madre de la Muchacha, interpretada por su verdadera hija, Cassandra Sánchez-Navarro.
Con esta obra de prevalencia y relevancia la fundación bilingüe de las artes de Los Ángeles nos ofrece un regalo y queda en deuda: quisiéramos que Cita a ciegas, con su presente elenco, siga desarrollándose y se presente de manera regular y repetida, para que otros puedan gozar. Como nosotros gozamos.

 

[Foto de Borges tomada del Escritorio de Guillermo Urbizu]

la tercera, “hombre besando a mujer dormida”, se tomó de la página Lycans Laqueus y la cuarta, “piernas entrecruzadas”, viene de la página Kaotica]]

Gabriel Lerner es el director de Letras de Los Angeles, suplemento cultural de HispanicLA.com.

Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989, donde trabaja para el diario La Opinión de esa ciudad como editor de noticias y del sitio digital. Publica allí su columna ‘Gente de Los Ángeles’. Es bloguero, poeta, novelista y cuentista. Se dedicó al periodismo y cubrió varias guerras como corresponsal de estaciones de radio y periódicos de España, Argentina y Estados Unidos. Fundador y editor en jefe de la Editorial Alfil, en Tel Aviv, 1980-1989. Dirigió el semanario Tiempo, Tel Aviv, 1981-1984. Fundador y editor de la revista literaria y cultural Alef, Tel Aviv, 1984-1988. Publicó  la novela Soldados de Papel, 1983; antologado en la colección de poetas y escritores hispanos Ciclo, 1981, y en la antología de escritores extranjeros Ravkol, 1988. Por su colección de cuentos Hermanos entre nosotros ganó la mención especial del Premio Literario Arturo Capdevila, 1985. En Los Ángeles, fue antologado en Cuatro Poetas de Los Ángeles, 1998, editado por Antonieta Villamil.  En diciembre de 1998 aparecieron dos exponentes de su obra en prosa en la gigantesca antología El Gran Libro de América Judía, editada por Isaac Goldemberg.  En 2008 apareció su colección de cuentos Teatro de títeres, Cervantes Publishing, y en 2009 el poemario El ciclo del amor, La Mancha Publishing Group.
Asimismo, y ante todo, es fundador y editor de HispanicLA.com. Actualmente trabaja como editor de noticias en AOL.com.

 

© Gabriel Lerner. All Right Reserved.

 

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